El cuchillo y la cuerda en el Siula Grande

2 abril, 2017.2 Comentarios.#ensayo #no ficción

 

 

Tocando el vacío es el título de un libro y también el de una película que relatan la misma historia. La aventura colosal de dos escaladores británicos Joe Simpson y Simon Yates de conjuntadas iniciales, en su intento por hacer cumbre por una vía nueva en una peligrosa y casi vertical montaña de los andes peruanos, el Siula grande. La subida fue bien. Y aunque agotadora y difícil, consiguieron hacer cumbre. El problema era que se les acababa el tiempo para el descenso porque el otro tiempo, el meteorológico, también amenazaba con ponerse muy jodido. Y tanto. Oscureciendo, arreciando la ventisca, con un frío de mil demonios, los dos alpinistas no ven la hora de llegar abajo. Pero ocurre una fatalidad, Simpson que va delante sufre un resbalón, en la caída su tibia se aplasta contra la rodilla y se parte, dejando a Simpson cojo y con un dolor inconcebible. Si la bajada ya era peligrosa y difícil con ese tiempo, se acababa de multiplicar por mil. Aún así Yates no puede dejar a Simpson allí. La solución que improvisan es atar dos cuerdas de 150 pies (45,7 metros) y que Yates descienda al herido Simpson. Hay un problema, para mantener el control de la cuerda en el descenso de Simpson, tiene que hacerla pasar por un mosquetón. Pero el nudo no cabe por los huecos del mosquetón y llegado a ese punto Simpson tiene que asentarse donde esté, aguantándose con su pierna buena y los brazos, para permitirle a Yates desenhebrar la cuerda del mosquetón y volverla a enhebrar una vez pasado el nudo. El sistema funciona durante trescientos metros a pesar de que la noche se acerca deprisa y la ventisca no cede. Llega el momento del paso del nudo. Pero sin embargo la cuerda no se afloja. El viento y la nieve no dejan ver a Yates más allá de dos metros y el ruido de esos también impide que los dos escaladores se oigan por fuerte que griten. Están aislados el uno del otro. El peso de Simpson no cede en la cuerda y Yates nota que su posición en la nieve se vuelve poco a poco inestable. Yates aguanta esperando que Simpson pueda encontrar algún agarre que les permita seguir con el descenso. El frío empieza a calar en su cuerpo, sabe que si se mantiene demasiado tiempo en esa posición, la nieve bajo su culo puede ceder y precipitar a ambos al despeñadero y si no lo hace, las congelaciones pueden matarle igualmente.

Simpson y Yates son dos caracteres contrapuestos unidos por una pasión común, la escalada alpina. Yates es empático. Rápidamente se hizo amigo del chico británico que acababan de conocer, y al que han convencido en Perú para que les cuide el campo base, y seguirá siendo su amigo muchos años después. Yates en la actualidad está casado y ha formado una familia con dos niños. Se dedica a enseñar escalada y a organizar expediciones para novatos. Simpson en cambio es más ermitaño. En el momento de la escalada apenas se relacionó con el mismo chico, con el que se mostró bastante huraño. Está completamente centrado en la ascensión y nada más le importa. Con los años, Simpson ha desarrollado afición por otras actividades que se pueden hacer en solitario, como el parapente, la pesca y la escritura. No se ha casado y reconoce que no le gustan los niños.

Es este hombre el que cuelga de una cuerda sujeta por Yates. Simpson el misántropo, depende para sobrevivir de alguien que necesita a los demás para ser feliz. Esa es su suerte. Y por eso le está descolgando por esa cuerda a pesar de que para Yates también es un riesgo. Un cálculo más frío habría arrojado que la solución que presentaba mejores perspectivas de supervivencia, sería la de que Yates hubiera abandonado a Simpson cuando se rompió la pierna con la promesa de buscar ayuda. Ayuda que ambos sabían, empeñados en una expedición a un solitario pico muy inaccesible, solo podía tardar días. Y lo único rescatable para entonces sería el cadáver de Simpson. La solución de descolgar a Simpson revela humanidad por parte de Simon Yates. Pero ahora la situación es peor. Simpson está colgando de un saliente y no puede hacer pie ni sujetarse a la pared con las manos. Tampoco ha podido trepar por la cuerda porque sus manos están entumecidas por la congelación. Por culpa de la ventisca tampoco ha podido avisar a Yates antes de que le descolgara por la cornisa. Ahora, expuesto a todos los elementos, con una pierna rota, deshidratado por la falta de comida y agua, y atascado en una situación sin salida, solo puede esperar la muerte en cuanto anochezca y el frío sea mortal.

Y Yates sabe que lo va a matar. Que si corta la cuerda se despeñará y morirá. Que si no lo hace morirá el también. En cuanto ceda su asiento o el frío lo adormile hasta que muera insensibilizado. Yates recuerda que lleva un cuchillo.

 

Yates siempre será el hombre que cortó la cuerda. Incluso aunque fuera la opción más lógica, la única salida y la decisión que salvó la vida de ambos, si bien a Simpson aún le quedaba un infierno por delante. Es un problema sentimental. En épocas anteriores, en la que las cordadas eran de grupos grandes, cortar la cuerda suponía abandonar al montañero a una muerte segura o directamente arrojarlo al vacio. Es un tabú. Algo que se ha arraigado en la memoria colectiva sobre el alpinismo.

 

Tanto Simpson como Yates coinciden en que la decisión de este último era la correcta, lo que es fácil de probar dados los resultados. Lo que cuesta admitir es el momento aterrador en que Yates toma la decisión por fría lógica. Tiene que matarlo para salvarse él. Y es la única posibilidad de que uno de los dos sobreviva. La decisión es imposible. Y sin embargo, Yates, el empático, el amigable, el solidario, es el que toma la decisión aparentemente brutal, fría y deshumanizada. Conociendo lo que sabemos de Simpson y lo que siempre ha dicho sobre su compañero, es posible que él también hubiera tomado esa misma decisión, en su caso hubiera sido simples matemáticas. O quizá no, en el momento decisivo quizá Simpson se hubiera dejado llevar por la sentimentalidad, que oculta tras esa fachada de feroz individualismo. En cuyo caso hablaríamos de dos montañeros muertos y congelados en el Siula Grande. En realidad, no hablaríamos.

Algo atávico nos aterra cuando observamos una situación imposible como la de Simpson y Yates. Abandonar al compañero es una traición, cortar la cuerda es algo simbólico, es cortar la amistad, los lazos humanos. Es matar a un semejante, un acto inconcebible. Pero lo difícil en esta situación es ver que Yates estaba a su manera también atado por una cuerda a la muerte. Que su suposición de que su compañero estaba muerto era acertada tanto en la realidad como en potencia. Desde su punto de vista, él solo podía asumir que estaba sosteniendo un muerto que le arrastraba al vacío. Que Simpson no estuviera muerto y que luego sobreviviera, es una casualidad, un capricho de la suerte y la naturaleza indómita de Simpson. Yates no tuvo la culpa.

 

Comentarios (2)

  • Pablo Amor . 3 abril, 2017 . Responder

    Me ha encantado. Siempre me han interesado las situaciones tipo ‘dilema del prisionero’. Es pura lógica matemática con consecuencias muy reales.

  • Sol . 7 abril, 2017 . Responder

    Duro pero bien llevado, me gusta.

 

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