Bienaventurados aquellos que…

tachan los días del calendario,

contestan a todas las peticiones de amistad en sus cuentas de redes sociales,

planchan sus camisas, emparejan sus calcetines,

mantienen sus iPads, iPod touch, Kindles y cámaras fotográficas cargados de forma permanente,

se acuerdan de llevar una bolsa –o dos– al supermercado,

rebañan hasta la última miga de las bolsas de patatas fritas,

celebran sus cumpleaños,

colorean todas las páginas de los libros de colorear,

ordenan las apps de su smartphone por temas –‘Contactos’, ‘Fotografía’, ‘Juegos’ y demás–,

compran todos los regalos de Navidad –y cumpleaños– por adelantado,

sacan la ropa mojada de la lavadora. Y la tienden. Todo ello menos de una hora después de que haya terminado el programa de lavado.

Limpian de pelos el desagüe de la ducha,

ven las series de televisión –de las que todo el mundo habla– y las películas en versión original. Y sin subtítulos. Sea cual sea el idioma.

Se acuestan antes de las 23:00, se levantan antes de las 7:00,

ponen su nombre en el buzón,

escriben. Todos los días.

Dibujan. Todos los días.

Escuchan música. Todos los días. A todo volumen.

Dan las gracias, dicen ‘por favor’,

invitan a sus amigos,

halagan a sus amigos. Quieren a sus amigos.

Tienen amigos.

Aceptan los cumplidos,

se tapan la boca al toser,

cogen el teléfono a la primera,

usan el transporte público,

se quitan la mochila de la espalda cuando viajan en transporte público,

ceden su asiento,

no fuman,

no hablan de cosas que no les gustan. Hablan sin parar de las cosas que les apasionan.

Aprecian el contexto,

saben siempre qué hora es,

se ponen en la piel de los demás,

llaman por teléfono a su madre al menos una vez por semana,

ven una y otra vez las mismas películas,

saben qué es un oxímoron,

han leído El Quijote,

aprenden algo nuevo cada día,

desaprenden algo viejo cada dia,

tienen paciencia, y lo demuestran:

hacen cola,

nunca levantan la voz,

lloran.

Bienaventurados, básicamente, todos los otros.

 

Comentarios (12)

  • Johan Cladheart . 12 febrero, 2017 . Responder

    ¡Magnífico! Bienaventurados y malditos sean un poco también. 🙂

    • (Autor) Pablo Amor . 12 febrero, 2017 . Responder

      Agreed, Johan! Gracias!

  • dildo de congost . 13 febrero, 2017 . Responder

    Mola. Es una lista casi tan difícil de cumplir como los “82 sabios consejos de Gurdjieff a su hija”. La única que suelo cumplir es la bienaventuranza de las patatas fritas. Y no siempre.

    • (Autor) Pablo Amor . 13 febrero, 2017 . Responder

      Yo sigo atascado con el oxímoron. Puede que tenga dislexia selectiva…

  • Shatzy . 14 febrero, 2017 . Responder

    Oye, que bonito. Cumples el 80% amigo

  • (Autor) Pablo Amor . 14 febrero, 2017 . Responder

    Yo me veo más en un 60%. Celebro que te guste, gracias!

  • Quinnipak . 17 febrero, 2017 . Responder

    ¡Es fantástico! Me gusta mucho el ritmo. Y leerlo en voz alta! Esperando la siguiente parte…

    Gracias al oxímoron he cumplido la aprender una cosa nueva.

    • (Autor) Pablo Amor . 19 febrero, 2017 . Responder

      ¡Gracias, Alexis!

  • Asier . 18 febrero, 2017 . Responder

    Pues los bienaventurados a ratos me parecían unos santos y a ratos unos pringaos…
    El texto me ha gustado de principio a fin. Todo el rato.

    • (Autor) Pablo Amor . 19 febrero, 2017 . Responder

      !Gracias por tus palabras, Asier! Bienaventurado eres! 😉

  • Aletheia . 22 febrero, 2017 . Responder

    Siempre me ha gustado este juego mágico de enumerar insinuando. No sé, Sabina y si sus cien palabras, me viene a la cabeza. Realmente brillante. Inspiradora. Bella.

    • (Autor) Pablo Amor . 22 febrero, 2017 . Responder

      Gracias por tus palabras, Aletheia (aunque Sabina no es santo de mi devoción) 😉

 

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