Se me ha quitado

un peso de encima

cuando por fin se ha apagado

esa maldita alarma en la calle.

 

Luego ha empezado a llover

y se ha aflojado el calor

infernal, pegajoso,

de este verano asfixiante.

 

Al rato la respiración

de Marta, a mi lado, en la cama

se ha relajado

y han cesado, por fin, los ronquidos.

 

El mosquito que tanto amor

ha demostrado por mis canillas

parece hacer hecho mutis

con el botín extraído.

 

Sólo entonces

me he quedado dormido,

cayendo sin más problemas

en el ansiado letargo.

 

Sólo cinco minutos antes

de que suene el despertador.

Lo justo y necesario

para ir tirando.

Comentarios (1)

  • Javier Oliva . 23 julio, 2017 . Responder

    Estas cosas pasan… Me he visto muy reflejado. Lo mejor del veraneo es dejar de poner alarmas, ¿no crees? Pablo, necesitas vacaciones. Que te vengan pronto. Abrazos

 

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