Me contaron que un matemático dedicado a jugar al poker online en sus momentos de ocio, respondió de esta forma cuando su famila se interesó por esa nueva afición: el azar es lo único realmente puro.

Y si se piensa detenidamente, es absolutamente cierto. Puro desde el punto de vista de inquebrantable por motivos éticos. Es absolutamente imposible controlar el azar.

Por eso cuando cualquiera de nosotras piensa desde el mayor de los odios: “porqué esta persona no se estrella con el coche, contra un árbol, para no matar a nadie más y desaparece de una vez por todas de mi vida”, o desde la mayor de las envidias: “porque no me toca a mi el euro millones, con la de cosas que haría y no como esos ricos que ni viajan a sitios interesantes, ni disfrutan de su vida, se pasan el día criticando al de al lado y además tienen cara de amargados”, o incluso desde el mayor de los deseos: “porqué no me hará caso a mi, y no a esa insulsa que encima parece sacada de un anuncio del último perfume del mercado, con cara de anoréxica”, nada de esto tiene valor. Porque el azar es eso: lo único puro. Lo único que no entiende de ética, ni de karma, ni de deseos: no se puede influir sobre él.

Hay gente que nace con suerte, eso lo sabemos todas, porque conocemos ese tipo de persona que llega en el momento justo cuando está buscando por ejemplo un trabajo y coincide con que acaba de jubilarse la persona indicada para cubrir el puesto para el que lleva un tiempo, corto siempre, eso sí, preparándose. O ese amigo que sale de una relación sentimental, de la mejor de las maneras, sin peleas, simplemente porque se acabó el amor e incluso siguen viéndose con su ex pareja, y aparece en su vida una nueva persona maravillosa, especial, de esas que parece imposible que existiera y que estuviera soltera y de nuevo surge la chispa y vuelve a vivir en la mayor harmonía.

Son gente con estrella, como se suele decir. Y la otra cara de la moneda, la de aquellas personas que no tienen suerte. Yo conozco a una en concreto, que jamás juega a la lotería, ni siquiera en navidad porque está convencida de que nunca le tocará, es imposible, insiste. No es que lleve una vida en general desgraciada, no, simplemente se ha habituado a que siempre llegará tarde a cualquier convocatoria  idónea para ella, ya sea laboral o simplemente de intereses hedonistas. Lo tiene asumido y lo acepta, incluso bromea con ello.

También tuve un conocido, uno de esos pesimistas por naturaleza, que despotrican de Rousseau a la primera de cambio y defienden a Hobbes como la gran revelación de la verdad de la naturaleza humana, que mantenía que esas personas que vemos en la calle pidiendo. Ese hombre que podría ser perfectamente uno de nosotros, o esa mujer que pide en el metro aún manteniendo su dignidad en los momentos más duros, han llegado a esa tremenda situación, sencillamente por un cúmulo acontecimientos de mala suerte, sin que nada hayan podido hacer por evitarlo.

El eterno debate sobre si la suerte se atrae, se nace con suerte, se puede comprar un colgante de una determinada piedra, o poner una planta en tu jardín para llamarla . O desde un lenguaje más postmoderno, si se quiere: la suerte depende del karma.

Golpes: Semana #8
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Comentarios (1)

  • Enrique . 5 marzo, 2017 . Responder

    Creo que tenemos mas suerte de la que creemos, nacemos con muchas posibilidades.

 

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