Estuve este fin de semana en la feria de Biocultura. La conocí hace ya bastantes años cuando todo el tema ecológico, bio, cooperativas de consumo y demás formas de consumo y de vida eran una alternativa todavía minoritaria y casi desconocida.

El cambio desde entonces ha sido enorme. Los ecologistas pensamos que somos pocos, que somos una minoría pero, lo cierto es que si hablas con la gente desconocida, una conversación casual, trivial, que se inicia como si nada en la frutería sobre si coger o no una bolsa de plástico, o sobre el consumo de energía y si aislar el edificio con madera certificada o instalar paneles solares en el tejado común, o en un ascensor descargando el cansancio que sufrimos en Madrid con la contaminación, sorprende gratamente ver cómo la gente va dándose cuenta de que algo hay que cambiar.

Porque el planeta no da más de sí para afrontar la demanda desmesurada a la que le estamos sometiendo. Hoy mismo escuché en la radio que el consumo de combustibles fósiles ha crecido un 25% debido al incremento que ha sufrido la quema de carbón sobre todo en China e India. Nada decían de la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París, de nuestro impuesto al sol, en el país con mayor capacidad de producción de energía a través del sol, ni tampoco de que en Alemania ya hay lander que se abastecen sólo con energías renovables, sin contar la nuclear como tal, que es un truco que hacemos en España y Europa y muy poca gente sabe.

La cuestión es que el tiempo ya no es tal, no hay más oportunidades. El planeta no va a desaparecer, pero la raza humana sí, si no cambiamos ya de forma de vida, de consumo.

Y ello me lleva de nuevo a Biocultura. Este año dos pabellones enteros de stands repletos de productos biológicos, veganos, vegetarianos, ecológicos, de producción libre de pesticidas que nos intoxican, con ropa que respeta el medio ambiente en su forma de producirse, de transportarse, de crearse a pequeña escala. Cosas preciosas y emocionantes.

Pero me paré un segundo y me dí cuenta de que las caras no eran las mismas de siempre. Conocía a mucha gente, reencuentras conocid@s de la causa verde a l@s que ves en foros alternativos desde hace años, pero también me impactó ver a gente que no cuadraba con el estándar que tenemos de ecologista, de verde alternativo, con rastas, con pañuelo a la cabeza ellas, o jerséis gordos de lana de esos que tienen pinta de picar muchísimo. No, esta vez vi mujeres de más de 60 años, vestidas de forma diferente, como las que encuentras en cualquier barrio pudiente de una gran ciudad, con su bolso de piel, su pañuelo de seda al cuello. Y hipster por supuesto, con sus zapatillas de El Ganso, buscando un regalo original para las navidades. Faltaba alguno con la pulsera de la bandera de España o bien, al ser invierno y hacer frío, como en todo entorno ecologista…iban tapadas las muñecas y no se apreciaba la pulsera. Familias enteras con los niños vestidos igual.

Y me detuve y miré hacia el fondo, hacia la salida de uno de los pabellones y vi salir a mucha gente con bolsas de papel o de tela, incluso de rafia alguno de los de siempre. Muchas bolsas. Y me acordé de Naomi Klein. Y me percaté de que se había transformado en una zona de consumo igual que otras muchas, como los mercadillos de navidad dentro de unas semanas. Consumo bio, respetuoso con el medio ambiente pero consumo masivo. Consumo que deja buena conciencia porque es bio, pero que no es consumo responsable, porque cuantas de esas cosas que iban en aquellas bolsas que salían de forma constante, eran objetos, comida que realmente se necesitaba,

Lo bio está de moda y limpia conciencias. Pero en el fondo seguimos siendo l@s mism@s de siempre l@s que pensamos que hay que moverse si queremos dejar a la generación siguiente un planeta libre de hipotecas contaminantes. Si queremos que sobrevivan en definitiva y tengan el futuro que merecen.

¿Nos movemos? ¿o seguimos consumiendo bio como si no hubiera un mañana?

Comentarios (3)

  • Johan Cladheart . 16 noviembre, 2017 . Responder

    Amén a todo. Lo están convirtiendo en una moda y una forma de consumo más. El consumo responsable es la única forma de revolución que se me ocurre. Eso sí, mejor esta moda que otras. ¡Paz!

    • (Autor) Nuria López Blázquez . 25 noviembre, 2017 . Responder

      Me alegro que que haya logrado transmitir precisamente este que comentáis ambos.
      Vamos contracorriente, pero cada vez somos más.
      Siempre he creído que la siguiente revolución debía empezar por dar al sistema donde de verdad le duele: en el consumo vacío y masivo.
      Si lo logramos y nos unimos…quién sabe hasta dónde podemos llegar…
      ¡Paz! como dice JOHAN CLADHEART acertadamente: todo pasa por ahi, estar en paz con uno mismo y nuestras vidas.

      ¡¡Gracias a ambos por vuestras aportaciones!!

  • Sol . 24 noviembre, 2017 . Responder

    Gran trampa, el consumismo en todas sus formas, crear la necesidad de obtener, conseguir, comprar para ser feliz, precisamente hoy que es Black Friday. Que no nos pase nada, porque para enseñar a nuestros hijos vamos a contracorriente.

 

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