Hablando a raíz de una entrevista de trabajo que tuvo Ester con un conocido, se detuvieron sobre una serie particular de mujeres, eruditas, con poder. Son fácilmente reconocibles fácilmente reconocibles

-Es como si llevaran bajo el brazo el libro de “Maestría en levitación”. Miran por encima del hombro a cualquiera y te hacen sentir el insecto más diminuto sobre la faz de la tierra.-Dijo él.

Ester pensó que desde el metro noventa largo de aquel muchacho sonaba todavía más drástico. Ella conocía bien a qué se refería. No era como con los hombres poderosos del mismo estilo. Ellos al ser hombres están ya por encima de todo desde su nacimiento. Ellas han tenido que luchar con ahínco para llegar hasta donde están, adoptando maneras duras, frías. Te estrechan la mano sin dureza, manteniendo la tuya como si con ello pudieran vislumbrar hasta tu más oscuro secreto, mientras mantienen una media sonrisa, que se convierte en un duro rictus simplemente por el hecho de su elevación de cejas, al tiempo que te escrutan.

Todo ello muy estiradas. Da igual su edad, son capaces de mantener la espalda perfectamente recta sin moverla ni un centímetro al cambiar de posición. Suben y bajan los ojos, sin inmutarse si quiera.

-Yo siempre pienso que llevo algún pelo de mi perro en la falda cuando me encuentro con alguien así. Y lo que más me inquieta: logran mantener su pelo perfectamente peinado sin que el más mínimo enredón o bucle durante horas. Salen perfectamente peinadas y se van exactamente igual que llegaron.

Y la ropa. A Ester invariablemente a lo largo del día se le salía en algún momento la blusa por algún lugar y tenía que acercarse al aseo más cercano para recolocar blusa, medias, falda. Su vida profesional la obligaba a vestir así.

En cambio, aquel estilo de mujer nunca llevaba una arruga en su atuendo. Lograban que levantarse y sentarse pareciera sencillo y no supusiera en absoluto ningún cambio en su rictus y en su vestimenta.. Incluso cuando sonreían nunca sabías si era real o era un espejismo; una forma sonreír distante pero presente, tal y cómo le explicaran en tiempos en clase de arte que sonreían los antiguos etruscos en las esculturas de los sarcófagos.

-Yo me siento muy intimidada con este tipo de mujeres, muy inferior.

-Yo en cambio pienso que las inferiores son ellas.

Ester se paró a reflexionar pero no le encontraba el sentido en absoluto. ¿Inferiores? Si son semidiosas, tengan la edad que tengan. Perfectas, ostentando su poder, su estilo impecable.

-¿Cómo van a ser inferiores?- Dejó escapar.

-Porque no son capaces de trasmitir felicidad.

Aquello resultó definitivo.

Su pelo, incluso desgreñado en algún momento del día y la inevitable arruga en la blusa de seda, la recordaron a partir de aquel momento su capacidad de sonreír, disfrutar y transmitirlo abiertamente.

 

Golpes: Semana #42

 

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