Ayer descubrí que a veces hay que transitar del gerundio al pasado para no quedarte estancada y fue como siempre gracias a las amigas y a mi gran pareja.

Nos autoinvitamos a comer una maravillosa paella hecha a la brasa en el “gua” de Gemma. Ella lo llama así porque dice que su casa es pequeña, pero yo he visto casas mucho más pequeñas y sé que la suya no lo es. Y aunque lo fuera es grande en pequeños detalles de esos que consiguen que una casa tenga vida propia, esos que cuando vienen amig@s envidiosos te dicen que es que tienes muy buen gusto. Cuantas casas están decoradas con miles de euros y no tienen la personalidad que buscan.

Mi casa no es pequeña pero he sentido muchas veces esa envidia y ese afán de copiar algo que no es posible copiar, porque es algo que llevamos dentro y que únicamente dejando salir nuestro instinto aparece: personalidad. No todo el mundo la tiene.

Llegamos a las 14 a comer la maravillosa paella en su magnífica terraza, que como Gemma dice hace que su casa se duplique con el buen tiempo. Va a tener suerte con el cambio climático, que la permitirá tener el doble de casa por más tiempo.

Terminamos a las 12 de la noche como corresponde a las grandes reuniones que se producen de tarde en tarde, en las que a medida que pasa el día se van sacando los sentimientos más profundos de cada una. No voy a desvelar los de mis amigas desde luego, pero sí el que me hicieron “vomitar” a mi: ya no me estoy separando, estoy separada y ahora toca mirar hacia delante y saber que fui fuerte lanzándome al vacío, que mucha gente no es capaz, que la comodidad prima, que los niveles de vida altos hacen soportar situaciones desaradables. Todos conocemos casos y ponemos caras al leer esto, creo yo. Sin embargo yo fui capaz sabiendo que iba a vivir más feliz y que cada día que pasa lo soy más.

Salir del gerundio resulta liberador y te da la perspectiva de ver a tu ex pareja como lo que es, en mi caso el padre de mis hijos, a quienes los dos queremos como no se puede querer nada más en el mundo. Dejar atrás rencores, historias pasadas y empezar de cero apoyándome en ese amor enorme a mis enanos, que cada vez lo son menos, es el reto que voy a lograr.

Después de tal revelación, muy similar a la que uno de los múltiples Pablos que pueblan mi vida, me enseñó a visualizar desde la idea de “ya he aprendido de ti todo lo que tenía que aprender, ahora sigo adelante, sigue tú también”, empezaba a anochecer en la terraza. Se empeñaron en seguir comiendo, yo no tenía nada de hambre pero la idea prendió y encendimos de nuevo las brasas. Allí las tres amigas a oscuras, dándole al carbón con el secador del pelo para hacer surgir la llama parecíamos parte de un aquelarre y la risa se desató. Es hermoso reír mientras miras el fuego.

Porque quién no se siente absolutamente absorto mirando el fuego. Se pueden pasar horas observándolo. Y así lo hicimos, entre confidencias y risas, silencios cómplices y opiniones abiertas sobre la vida de las demás que sólo permites que hagan l@s grandes amig@s, que son capaces de sacarte de tu cómoda realidad y llevarte al terreno de su mirada desde la distancia y la sabiduría que da el hecho de que no sea tu propia vida de la que hablas.

La realidad es que teniendo amig@as así y una pareja tan extraordinaria todo se supera y puedes lanzarte de nuevo a construir una nueva etapa, apasionante, llena de retos, de la que sólo tú habías dudado ser capaz de superar: cuestiones de la inseguridad y falta de autoestima que hay que reconstruir en la nueva etapa.

Golpes: Semana #39
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