Preguntas de mujer en la cola del baño

22 agosto, 2017.3 Comentarios.#ensayo

Todo comenzó un día, cuando estudiaba una oposición y llegué al tema 74 con este título tan extenso: “Estructura social de la España actual. Cambios y tendencias demográficas. El papel de la mujer en los cambios. Estratificación y movilidad social. Discapacidad, dependencia y marginación en la España actual. Políticas de igualdad de género. Políticas contra la violencia de género”

Algo me chirrío. A mis compañeros no les llamaba nada la atención, es cierto que eran tod@s casi niños, de los que dedicaban su vida a opositar únicamente y su familia incluso adaptaba sus vacaciones y su vida cotidiana a las necesidades de la oposición y no como yo, madre, con responsabilidades tales como tener una cena preparada para todos, hacer compra y esas pequeñas distracciones que acabaron con mi carrera como opositora.

Pero volviendo al título de aquel tema, miles de cosas de las que hablar en aquel tema y en general a l@s opositor@s lo que les costaba era atenerse a los 15 minutos que había para cantarlo y siempre quedaba colgando en un par de segundos la violencia de género.

Fue otro día, meses después cuando en un restaurante caí en la cuenta de qué era lo que me había llamado la atención del dichoso tema. ¿Por qué el baño de mujeres es en muchos casos el mismo que el de los discapacitados que necesitan silla de ruedas?

De nuevo discapacitados y mujeres unidos, ya no en un tema de oposición sino en la vida real.

Tod@s sabemos que las mujeres tardamos más en el baño. Siempre la cola del baño de las chicas en los cines, en los centros comerciales, en las estaciones de servicio en carretera es el doble que la del baño de chicos. Entonces ¿Por qué alargar esa espera con alguien que va en silla de ruedas?

¿No sería más lógico que fuera en el baño de los hombres?

Y sé que ahora muchos me dirán que cada vez menos, pero ¿por qué se ve en la calle a muchas mas mujeres con bolsas de la compra que a hombres? Igual que en las colas de los supermercados. Siempre dejando de lado al tipo que hace su primera compra de soltero de nuevo; ese es mi favorito en los centros comerciales grandes. Carro a rebosar, con pelador de patatas último modelo que más parece una de las naves espaciales con las que juegan mis hijos, abre botellas de dos tipos mínimo, cerveza en grandes cantidades, pero no de la oferta de la semana, no, de la buena que hay mucho que celebrar, tres tipos de galletas: con y sin chocolate, un escurridor de pasta, pero no hay pasta en el carro, pequeño detalle, cacahuetes o anacardos dependiendo de la edad: más de 50 cacahuetes. Un cubo de fregar, un palo y una fregona de marca de esas de los anuncios que ninguna mujer coge porque sabe que es el timo del semestre y faltan los productos de limpieza, detalle significativo, unos paños de cocina, y algo de fruta o verdura junto a unos filetes de medio kilo. El set de cuchillos más grande, el tamaño importa para este tipo de cosas como diría Mónica Oltra, ese extraño artilugio que yo siempre miro extrañada que en teoría sirve para batir huevos y sí, hemos acertado: faltan los huevos, pero hay aceite, servilletas de papel y una oferta de botellas de vino que debieron sobrar de Navidad y como van a caducar salen preciosas en un envase con celofán, un azucarero, pero no azúcar y sal, pero sal gorda, que de tod@s es sabido que la carne buena se sazona así.

¿Ninguna se ha cruzado con este espécimen? Porque a mí me toca muchas veces delante, nunca detrás de la cola en el super, y siempre pienso: ¿y qué va a comer este hombre el resto de la semana cuando acabe con los filetes de a 13,20 el kilo? Y me le imagino volviendo a los dos días a por los productos de limpieza, el azúcar, la pasta y oye, lo mismo hasta una lista que se ha hecho en Word en el trabajo. Porque éste tipo va siempre de traje al super, nunca en chanclas como yo, que ni me pinto los labios al salir, cosa extraña en mí, lo saben tod@s los que me conocen, pero corro como si no hubiera un mañana porque son las 19:30 y ¡Oh dios! No me quedan estrellitas para la sopa.

Así, poco a poco, mirando la falta de bolsas de supermercado en las manos de los hombres que me voy cruzando de vuelta a casa, me pregunto porqué narices tienen que unir nuestra condición de mujeres a la de l@s discapacitad@s y sólo se me ocurre una respuesta sensata: porque nos esforzamos igual en nuestro día a día y eso, oye bien vale compartir baño aunque en la cola tengas el tiempo suficiente para darle vueltas a estas curiosas cuestiones que tiene la Administración, el Tribunal opositor que decidió unir ambos temas y la vida cotidiana que nos acerca de igual modo.

Golpes: Semana #34
Tags: #ensayo

Comentarios (3)

  • Yolanda . 23 agosto, 2017 . Responder

    Magnífica reflexiones Nuria. Te doy toda la razón en poner el foco en cosas pequeñas que tienen su trasfondo social.

  • David Requena . 2 septiembre, 2017 . Responder

    Buena reflexión y buen “Golpe”, aunque me fastidia un poco que dirijas el texto solo a posibles lectoras. También los hombres podemos creer en la igualdad.

  • Nuria López . 2 septiembre, 2017 . Responder

    Tienes razón…y voy a darle ” una vuelta” porque no sólo podéis sino que soy de las que cree que sin los hombres a nuestro lado en esta causa, nada cambiará. Y esto me hace llevarme grandes reproches de parte de algunas feministas…te lo aseguro.

 

Todos los textos son propiedad de sus respectivos autores - Contacto: los52golpes@gmail.com