Hace poco logré dejar salir a mi yo más colérico, que por otro lado ha surgido hace poco. Estaba ahí, siempre lo estuvo como el de tod@s pero estaba acurrucado, en un rincón, el rincón del miedo. Y poco a poco ha ido despertando. La guerrera rubia la llamó un conocido que me ayudó a que saliera. Y esta semana estalló.

Pongámonos en situación: por segunda vez en mi vida laboral soy asalariada, el resto de ella, la gran mayoría de ella he tenido que ser autónoma. Como conocedora del mercado bancario, realizo con paciencia y desactivando los múltiples anuncios que se abren muy a mi pesar, durante una semana completa una búsqueda exhaustiva de las mejores ofertas por domiciliar una nómina. Descarto los bancos que me intentan regalar cámaras acuáticas, sets de cuchillos (no vaya a ser que mi yo colérico haga un uso indebido de ellos) o consolas y tablets.

La mayoría de quienes aceptan estos regalos no saben que luego tributan en su IRPF anual como un pago en especie y te sale al final la broma realmente cara, pero oye, haber sido asesora fiscal autónoma tiene estas ventajas.

De modo que acudo a Bankinter donde la primera empleada de esas que están sentadas en la mesa y no en la caja, que ya es un grado, se pone muy contenta de que vaya a domiciliar una nómina y de que además quiera traspasar mis fondos de inversión. “Es una suerte que vuelvas al Banco” me dice, porque me marché cuando empezaron a bajar la rentabilidad de los fondos y demás historias de burbujas que trataron de vendernos.

Pertrechada con toda mi documentación: nómina, contrato de trabajo, sentencia de divorcio con el convenio regulador incluido y última declaración de la renta, la sonrío y le digo que mi nómina no es para tirar cohetes, no llega a los 1.000 euros como la gran mayoría actualmente, pero que además tengo una pensión compensatoria que completementa hasta los 2.000 euros mensuales. Cara de auténtica codicia en la mujer de la mesa: “¡Qué bien! Todo va ser muy sencillo, porque el Banco quiere nóminas y además tú te llevas un buen rendimiento por ello. Todos ganamos” Yo desconfío.

Rechaza toda la documentación que llevo, lo cual ya me sorprende. Vuelvo a desconfiar, ahora con más criterio. “Qué no mujer, que el Banco está loco por lograr nóminas, ya verás. Sólo tienes que domiciliar tres recibos mensuales, esperar a que entre la nómina y enseguida te llegará la tarjeta, de crédito, no de débito, la de débito hay que pagarla, 45 euros al año y ya podremos poner en marcha la cuenta nómina”. Yo ya no desconfió, directamente recelo, porque todo banco quiere ver papeles, documentos y nada es tan fácil jamás con ellos. Lo sé porque cambio al menos dos veces al año de banco, buscando la mejor oferta siempre, pero ella está tan feliz y contenta que me hace firmar la apertura de cuenta y la petición de la tarjeta y me voy con la promesa de que en dos días me llama para confirmarme que todo está correcto.

Evidentemente el desenlace es más que previsible: a los dos días nada estaba correcto, el banco no consideraba mi nómina suficiente, mi pensión no se consideraba tampoco pensión porque no venía de la Seguridad Social a pesar de la sentencia judicial y de que los demás bancos del país sí la reconocen, hasta la Agencia Tributaria la reconoce como tal y tributo por ella con esa denominación. De modo que me piden desde la entidad bancaria que me acercara a ver qué solución podíamos buscar.

Me acerco obediente y esta vez resulta que la que va a ser mi “gestora personal” ha vuelto de vacaciones y la mujer sonriente de la mesa de al lado ha sido sustituida para mi descontento, por una mujer de mediana edad, rubia de bote, de estas perfectamente peinadas desde las 8 de la mañana a las 19 de la tarde, de ese tipo que nunca comprendo cómo lo logran, con unos ojos azules espectaculares y fríos, a la cual le falta la sonrisa de la otra mujer que me mira desde detrás de su pantalla con curiosidad.

-Como el sueldo no llega a los 1.000 euros nuestro Banco no lo considera nómina.

-Vaya, veo que el banco no está centrado en la realidad laboral del país- Los chascarrillos no van con ella. –Y ¿la pensión compensatoria firmada por una juez por qué no sirve tampoco?

-Porque nuestra entidad no lo considera como pensión. La opción que veo más factible es que abras una cuenta a nombre de cada uno de tus hijos, sin gasto ninguno, ni comisiones, ni tarjetas. Así el Banco vería mayor vinculación con nosotros.

-¿Y cuál es la cantidad mínima que debe tener cada cuenta?- Porque evidentemente si mis míseros 2.000 euros no nos vinculan a Bankinter y a mí, ni mis fondos tampoco, al menos necesitaran un millón en la cuenta de mis hijos.

-No hay un saldo mínimo necesario

-¿Seguro? Lo dudo. –Sin embargo ella no escucha o aparenta no hacerlo.

– Sólo necesito el DNI de los niños y abrir la cuenta. Y eso ya activaría la cuenta nómina y empezaría a rentarte lo establecido como cuenta nómina- En todo momento me tutea y me mira sin embargo como si de nada me conociera, pese a haber sido gestora de mis fondos años atrás. Nada que ver con la amabilidad de su compañera, aquella que no quiso quedarse con ningún documento.

-El problema –empiezo yo –es que lo del DNI de los niños no va a ser tan sencillo.

-No entiendo. Tienen DNI, eso lo recuerdo.

-Sí, pero verás Inés- el cartel sobre la mesa me recuerda su nombre -me divorcié como bien has visto cuando hemos rellenado los formularios, y lo hicimos de forma poco amistosa, de hecho estoy en el 016 y mi ex marido y yo nos vemos en un CAF, uno de esos centros de atención a las familias porque la relación no es cordial.

Me escruta. Suspira. Mira la pantalla y pasados unos segundos dice.

-Pues sin DNI de los niños es imposible la vinculación.

-Sí, si yo te entiendo, lo que te digo es que no va a ser tan sencillo. Que tal vez tarde unas semanas.

-De acuerdo. Pues cuando los tengas vienes con ellos y hacemos la operación.

Da por terminada la conversación. Es Agosto. La oficina está desierta y las dos empleadas restantes han escuchado cada una de sus palabras, tanto que la primera con la que tuve contacto, intenta sonreír y arquea las cejas.

Pasan dos semanas y vuelve a llamarme la tal Inés a decirme que ya tengo la tarjeta en la oficina, justo en el momento en el que abro el buzón y encuentro un sobre naranja dándome la bienvenida a mi Cuenta Nómina Bankinter.

Ahora sí que no entiendo nada. Bajo a la sucursal. Sonrío a Inés, que cual la vestal ofendida me observa impasible y le digo:

-Hola, buenos días. No acabo de entender cómo me llega esto si no tengo activada la cuenta nómina por falta de vinculación.

-Es simplemente una cuestión formal.-Esta mujer se ha formado Gran Bretaña fijo, esa frialdad no es de aquí. Pienso.- ¿Y los DNI de los niños los tienes ya?

– No aún no. Ya te comenté que es una situación compleja, ya se los he pedido a su padre, pero aún no me los ha dado, cuando estás en una situación así….

-Mira, sinceramente no quiero saber nada de la situación personal.-Me espeta

La miro incrédula y ella me mantiene la mirada.

-No es que no entienda tu situación y empatice con ella-dice

¿Empatizar? Lo habrá buscado en el diccionario alguna vez o viene en libro de estilo de Bankinter

-Pero no quiero saberlo, no somos amigas. Afortunadamente no he tenido que pasar por nada semejante. Lo entiendo pero hay que separar lo personal de lo profesional- y aquí por alguna extraña razón va y sonríe. Quizá para demostrar que no es un robot- Yo sólo te digo que si quieres la remuneración de la cuenta nómina necesito los DNI.

-A ver que yo  amigas ya tengo, no bajo al banco a conocer gente. Sólo trato de que entiendas que es una situación difícil y que lleva una negociación. A veces hasta sale en las noticias, si te fijas.

-De verdad que no entiendo porqué insistes en contarme todo esto- Responde Inés- No quiero saber más. Mi trabajo se reduce a abrir la cuenta o no, a que lo acepten desde riesgos o no lo acepten, lo demás no es asunto mío y no entiendo que además te enfades conmigo porque no quiera escucharte.

– Pues mira me enfado porque la equidistancia es la salida fácil para no mojarse en la vida con los problemas ajenos. Y la que no entiende que seas capaz de mantener esa distancia tan fría y cruel soy yo. Porque por actitudes de equidistancia como la tuya mueren mujeres a diario. Equidistancia de vecinos que no denuncian gritos o equidistancia de compañeras de trabajo que hacen que no ven los moratones.

Dame los papeles para cerrar la cuenta, la tarjeta asociada por favor.

Ah, y una hoja de reclamaciones para poder poner tu nombre y apellidos completos para que el Banco, TU Banco reconozca tu gran profesionalidad, por esto seguro que dan un bonus a fin de año.

Sonrío y consigo que la guerrera rubia se trague mis últimas palabras por miedo a una denuncia. Porque si hubiera podido hubiese añadido: y mira a derecha e izquierda al salir, no vaya a ser que algún hombre se ensañe contigo y tengas que acabar en el 016. Y es que muchas veces, estas mujeres que te miran por encima del hombro, tienen en casa una realidad a la que aún no se han podido enfrentar.

Golpes: Semana #33

Comentarios (4)

  • Susana . 23 agosto, 2017 . Responder

    Asi va España con tanto trabajador eficiente y con ganas de ayudar y de ser competente/sincero….

  • Enrique . 23 agosto, 2017 . Responder

    Menuda empatia de mierda. Espero que sea ficción.

  • Nuria López . 25 agosto, 2017 . Responder

    Hay gente que comprende la empatía como “es que no piensas en mí”

  • Mario . 28 agosto, 2017 . Responder

    Vestales seleccionadas por la religión del capitalismo. Todo tan profesional como repugnante.
    Yo me estaba planteando cambiarme a una entidad de banca ética y leyendo relatos como este voy a poner más empeño en completar el cambio.

 

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