-Pero qué llevas aquí? Un ladrillo?

Comentario que toda mujer ha escuchado alguna vez en su vida referido a su bolso, con el que comparte una jornada intensa. Da igual que sea casada, soltera, con hij@s o sin ellos.

-Pues sí. Un ladrillo. Exactamente. – Respondo ese día en concreto al recordar que mi hija de tres años me hizo guardar un trozo de ladrillo rectangular, perfectamente cortado que encontró en el último paseo por el campo. Intenté hacérselo cambiar por una piedra más pequeña, más natural, pera era ese trozo de ladrillo el que resultaba irreemplazable.

Esa noche al llegar a casa su hermana, seis años mayor se empeñó en que aquel hallazgo era impresionante y que lo quería ella.

Pelea nocturna sobre quién deja el trozo de ladrillo al lado de la cama esa noche. Y para evitar peleas futuras guardo, de forma casi automática el ladrillo en el bolso a la mañana siguiente.

Surrealista? Seguro pero es real como los cinco kilos de mi bolso. A cuestas con el cada día, en el metro, andando al ir a recogerlas las colegio o al salir con los amigos.

Porque yo no soy el tipo de mujer que canbia de bolso según dónde  o con quién vaya.

Un poco más de variedad quizás cuando trabajo. Pero vuelco el contenido completo. Ladrillo incluido. Las conchas de la playa del verano anterior, la pulsera que se me rompió y guardé en una bolsita para encontrar el momento de ensartar las cuentas de nuevo y que por supuesto, nunca llega, las cuatro barras de labios de colores idénticos según mi madre, pero completamente diferentes y para ocasiones diametralmente opuestas desde mi óptica. Los dos pares de gafas: sol y lectura. La bolsa de piel con cremallera en la que guardo las llaves de casa, del coche, de la casa de mi chico por si ese día voy allí y un juego que aún no sé a qué corresponde y que sin embargo, mi inconsciente me dice que era importante. Unos cuantos papeles arrugados por archivar o para tirar…del banco, la promoción de las entradas que te permiten volver al cine a mitad de precio si no han pasado 15 días. Habrán pasado ya? Seguro. Un cupón de La Once: me gusta el número y quiero repetirlo algún día.

Mas lo indispensable para un día habitual: el monedero, el tarjetero, el cepillo de dientes y el de pelo, que se ha convertido en un compañero perpetuo desdevq decidí dejarme crecer el pelo, hasta ahora siempre corto y sencillo de mantener amaestrado todo el día. Toallitas desodorantes en verano. Recambio de medias en invierno. Una o dos, incluso tres muestras de colonia y serum, que es la última manía ahora en las tiendas de cosmética, de la última vez que pasé a comprarme la crema de noche. Un bolígrafo bien guardado en un pequeño estuche, porque nunca se sabe cuándo puedes necesitarlo, mi cuaderno de notas, pequeño, pero que suma peso, el abono transportes y dependiendo del día un paraguas plegable.

Y luego vienen los añadidos extraños que reaparecen cuando mi bolso no da más de sí y hay que cambiarlo por otro. Y que hacebilusion reencontrarlos: algunos caramelos ya pegajosos por el calor o la calefacción, o por ambos a la vez, que guardo por si hay que entener a alguna de las niñas en una situación compleja; estilo sala de espera. Un trozo de papel de aluminio con restos de alguna comida que no terminé hace un par de días o sin ser condescendiente conmigo misma, hace alguna semana. Una camiseta porque la semana anterior logré llegar a clase de yoga pero me cambié rápido y se me olvidó sacarla. Que sí. Qué bien no huele pero, al menos no llevo las zapatillas del gimnasio como mi amiga Paula, ni el bañador de su hijo en una bolsa de plástico como mi compañera de trabajo.

Que una aún tiene estilo y cuatro barras de labios en su bolso, según a dónde y con quién vaya.

Golpes: Semana #31

Comentarios (5)

  • fisherwoman . 6 agosto, 2017 . Responder

    Un pequeño gran extracto de nuestras vidas. Me ha encantado. Gracias!

  • Nuria López . 7 agosto, 2017 . Responder

    Gracias!! Me motivan mucho los comentarios 😉

  • Susana . 13 agosto, 2017 . Responder

    Pues así tenemos la espalda ya las que llevamos toda la vida con tanta cosa en los bolsos…y ahora con la crema de sol en barra incluida, el cacao…y menos mal que los hijos ya son mayores y no tenemos que seguir llevando esas botellas de agua…en fin. Qué cosas!!!!

  • (Autor) Nuria López Blázquez . 13 agosto, 2017 . Responder

    Las botellas de agua…ese gran utensilio que si encima eres ecologista tiene que ser de metal…

  • Sol . 16 agosto, 2017 . Responder

    Todo un universo comprensible entre nosotras que además no podemos compartir con ELLOS. Gracias.

 

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