Las tertulias de barras de bar, la participación, la empatía y nuestra extraña sociedad

9 julio, 2017.0 Comentarios.#ensayo

A menudo me encuentro siendo el bicho raro que da el paso al frente y firma una demanda en vía Administrativa cuando el responsable de la custodia de datos de las extra escolares de mis hijos escribe una circular y nos la envía con total tranquilidad, anunciando que se ha producido una descarga de datos, de forma fraudulenta y que los nombres de los niños, los de los padres, los teléfonos, los mails y las direcciones, están circulando por Internet y no saben cómo ha podido ocurrir.

Las madres, los padres escandalizados a la puerta de salida de las clases utilizan expresiones del calibre de ” esto es inaceptable, hay que poner un denuncia claramente”. Es lo que yo, después de años de activismo denomino “tono tertulia de barra de bar”. Porque no pasan de ahí. Lo sé. Son muchos años y sé que no va a ocurrir nada más. Los intercambios de información, de parecer, de opinión e incluso los simples cotilleos se irán volatilizando y los padres y madres volverán a sonreír y a saludar amablemente al ver pasar a la persona que desperdigó por el submundo digital todos esos datos.

Y de nuevo seré yo a la que dirán: “mujer, tampoco es para tanto, es mejor dejarlo estar, a ver si van a coger manía a tus hijos”.

Dejarlo estar.

¡Qué gran expresión! Creo que nunca he sacado nada bueno de ella, nadie que me haya hablado empleándola ha tenido mi complicidad, porque es cierto que yo llevo en la sangre, no sé muy bien porqué, la idea de que cualquier pequeña injusticia debe ser reparada, hasta el punto en que mi empatía se vuelca de forma desmesurada, lo reconozco y finalmente me encuentro en el despacho de un abogado firmando una demanda por vulneración de la Ley 15/1999. Y no me arrepiento…salgo como si midiera cinco centímetros más, de lo orgullosa que me siento y por si fuera poco trato durante semanas de lograr la participación de tod@s aquellos que durante semanas despotricaron delante de mi del comportamiento irresponsable de quien debía proteger y custodiar los datos de nuestros hijos y hasta aprendo nuevas expresiones legales y memorizo parte del articulado de la Ley para defenderla con más vehemencia.

Pero no hay manera. En este mundo, en este país, en esta sociedad, la participación que suponga involucrarse realmente es algo escaso, casi me atrevería a decir que debería considerarse una característica en peligro de extinción. Apelo a las organizaciones ecologistas para que reconsideren la posibilidad de organizar el día de la lucha para la defensa de la participación ciudadana.

Y son curiosamente las mismas madres y padres que lo primero que activan es el “control parental” en todos los aparatos electrónicos que ponen en las manos de sus hijos, para que no puedan conectarse online a ninguna página con contenidos no aptos para menores, o para que no puedan jugar en línea con algún desconocido, los que desconfían con razón de las redes sociales para sus hijos con edades aún de una única cifra, pero que les permiten jugar a “Call of Duty” o ver el Facebook de la prima que vive ahora en Dublín y mandarla mensajes a través de la mensajería de la red social y que indefectiblemente no encontrarás jamás en la biblioteca del barrio, porque es más cómodo dejarles en movil mientras sigues debatiendo en la barra del bar sobre la última barbaridad que han puesto en marcha en el colegio, que implica que mis hijos tengan más horas de deberes por poner un ejemplo clásico y recurrente.

Golpes: Semana #27
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