Mi amiga Susana dice y con razón que en los grupos de whatsapp en los que de repente te ves inmerso o incluso, en un momento de locura absoluta, creas tu mism@, son un reflejo de las prioridades de cada un@.

Descontando los temidos grupos de regalos de cumpleaños, fiestas sorpresas y demás grupos ocasionales, en los que lo que sí puede verse claramente quién es la primer persona que deseaba salirse y a la que la faltan minutos para “abandonar el grupo”, los grupos “perpetuos” estilo ” Grupo de primos”, “herman@s”, “antigu@s compañer@s de instituto” son un lugar magnífico para realizar un estudio psicológico e incluso psicoanalítico.

Actualmente en las grandes ciudades sólo algún ejemplar de la generación de los setenta y pico es capaz de negarse a usar whatsapp o telegram, porque no nos olvidemos que los más “cool” usan Telegram… este simple hecho ya es un indicador por sí mismo.

Mi propio padre, ingeniero de telecomunicaciones, pionero en los setenta de los grandes cambios tecnológicos, de las primeras personas que en Madrid tuvo un móvil en 1992 de aquellos enormes, que me dejaba escribir, haciendo mis pinitos en la escritura durante mi adolescencia en aquel ordenador que tenía pantalla de fósforo verde en los 80, se niega a tener internet en el móvil.

Yo antes no lo entendía y ahora después de tres días ” incomunicada” por whatsapp y demás recursos, salvo por llamada convencional, creo que hemos perdido mucho con tanta comunicación constante. He estado pensando en la cantidad de cosas que me ha dado tiempo a hacer y la de minutos al día que consumo, a veces absurdamente escribiendo a gente por esos nuevos canales.

Pero el caso, es que tras tres días de desconexión, vuelvo a unirme a la tribu urbana whatsapeante y observo con detenimiento como mi amiga Susana tiene toda la razón. En los grupos se puede, leyendo con detenimiento y no en transversal como dice Nicholas Carr que hacemos ahora con las nuevas tecnologías, que existen especímenes curiosos.

Empezando por el que está en el grupo de ex alumnos para contar lo mala pécora que es su ex pareja, hasta el que te escribe en privado por otro chat para que le digas a “fulanita” que puede pasar a recoger sus cosas de su casa cuando quiera que el no va a estar el fin de semana, pero que no entiende qué es lo que ha fallado, porque él la quería muchísimo y el mero hecho de quedar con una ex novia le parece absurdo como motivo para romper una relación de año y medio.

Y tú en medio, a las diez de la noche, intentando cenar, porque esto invariablemente pasa a partir de las diez de la noche, misterios de la vida y de la comunicación tecnológica moderna, intentando decirle con delicadeza que no quieres meterte en semejante follón entre ellos, que ya tienes tú bastante tinglado con tus relaciones esporádicas como para ocuparte de los demás, pero todo con cuidado y siendo amable, porque sabes que el hombre está pasándolo mal y personalmente empatizas con él porque te parece de críos de 16 años dejar a alguien por ver a una ex novia a estas alturas de la película, vamos que tenemos todos más de 40 añitos y este grupo parece el patio del instituto.

¿Me salgo del grupo? Te planteas mientras tratas de ignoras los sonidos de los mensajes del chat privado que este hombre insiste en enviarte, mientras intentas terminarte la cena y centrarte en lo tuyo, tu propia vida, que es concretamente preparar una reunión que tienes mañana a las diez.

Pero ¡qué pereza! Eso sería casi peor. Empezarían a llegar miles de mensajes privados, con sonido en este caso ATENCIÓN, porque el de grupo al menos no suena…preguntándote por los motivos reales por los que has dejado el grupo. Por mucho que te prepares un buen mensaje de despedida diciendo simplemente que no te da la vida para seguir tanto mensaje.

Porque es eso a lo que nos lleva este tipo de comunicación. No acaba de ser real. La gente si le das una noticia importante por estos canales necesita cerciorarse de que realmente es cierto. Y lo comprendo, a mí misma me pasa.

Personalmente detesto tener que avisar a un@ amig@ de que le voy a llamar por teléfono a través del whatsapp, por si es buen momento, por si prefiere otra cosa. ¿Dónde queda la intriga de cuando llamaban por teléfono AL FIJO y ni siquiera sabías quién iba a estar al otro lado?

Tiene sus ventajas el modelo, porque puedes utilizarlo para no ser invasiva con alguien a quien conoces poco, o para enviar un mensaje si es tarde por la noche, cuando antes era casi un tabú llamar por teléfono a una casa a partir de las once, salvo que hubieran ingresado a alguien, defunción o parto. Y desde luego me permite mantenerme dentro de la vida de mis amig@s que se han ido a vivir fuera de España, que en estos últimos años son bastantes. Sin embargo, sigo prefiriendo la comunicación oral, incluso física con un café delante, a la antigua. De hecho, incluso con mi mejor amiga que vive al otro lado del Océano de vez en cuando necesitamos una video llamada porque no es lo mismo escribirse que hablar, porque se pierden los gestos que hacemos al contar los acontecimientos que destacamos, porque el tono de voz dice mucho e incluso porque se puede llorar por Skype o cualquier otro método que te permita ver la cara a tu interlocutor y te hace sentir que la otra persona está aquí mismo.

Golpes: Semana #23
Tags: #ensayo

 

Todos los textos son propiedad de sus respectivos autores - Contacto: los52golpes@gmail.com