Fue así como el equipo “coaching a 5” que ya estaba creado, llegó a su máximo apogeo. Durante mi búsqueda activa de empleo, eufemismo que ahora se utiliza para denominar lo que siempre ha sido no parar un segundo de llamar y rellenar el mismo perfil, con las mismas preguntas en todos los portales de búsqueda de trabajo en lugar de permitirte agregar tu curriculum enPDF, o curricula en mi caso, resultó que tuve la suerte de conocer a un tipo estupendo, César, que nos enseñó a identificar cuales eran, son, nuestros mayores potenciales.

Y sí, de nuevo estaba ahí: mi red de contactos, de conocid@s y de amig@s, ahora resultaba una gran ventaja a la hora de buscar trabajo. Tod@s sabemos cómo funciona esto en este país, si no vas de la mano de alguien no hay manera de que tu currículum pase de la bandeja de entrada. Necesitaba apoyo, porque seis meses de búsqueda incansable acaban con la autoestima de cualquiera. Y allí estaba mi equipo de “coaching” a 5, porque 5 mujeres en edades comprendidas entre las que cualquier empleador en España considera como deshecho humano y a las que la segunda pregunta, segunda que o primera, simplemente por motivos de dar una imagen más moderna de la empresa, siempre es: “cuál es tu estado civil” y “cuántos hijos tienes”. Sí señores, esto sigue pasando. Y nos pasa a las mujeres y no a los hombres.

Mis chicas estaban allí al otro lado del whasapp en cualquier momento, no todas constantemente, pero siempre alguna y al final del día, indefectiblemente, nos hacíamos resumen de logros, chistes, situaciones desagradables, desesperación de madres solteras y divorciadas solas con tres, dos, un hijo, desahogos también referidos a madres controladoras, anécdotas del día en definitiva que diferenciaba un envío de currículum de otro, una entrevista de otra. Yo enviaba fotos de los modelos de señorita Pepis con los que acudía a las entrevistas y nos reíamos de las situaciones impensables a las que tuve que someterme en aquella búsqueda: acabar logrando sacarme el C1 en inglés, porque no existía nadie capaz de entrevistarme en francés, a pesar de haber explicitado  en el currículum, e insistir cuando me llamaban para la primera entrevista en que soy bilingüe en francés. No hay mal que por bien no venga, que dice el refrenero castellano; de bilingüe pasé a trilingue en seis meses, aunque hay que decir que ya tenía buena base en el idioma británico, no que sea superdotada. Y de ese modo me entrevisté en inglés con una compañía koreana, dos canadienses y una holandesa. Todo con resultado negativo cuando admitía que tenía tresm sí señoras y señores, nada más y nada menos que tres hijos.

Pero el grupo de “Coaching a 5″ se fue perfilando como un resumen sociológico de lo que la mujer de más de 40 vive hoy en día. De igualdad ni hablamos, de situaciones vejatorias tampoco porque no está en el ánimo de mis chicas regodearse en el fango. Somos mujeres maduras que hemos pasado por la infidelidad, los malos tratos, el abandono de la pareja y sorpresas desagradables, como la de cualquier vida. Pero el espírito del grupo de coaching a 5 era darle un toque de humor a los largos días de jornadas maratonianas.

Sin embargo, nada es blanco o negro, en este caso rosa constantemente y desde luego, había días de amargura como cuando alguna recibía un burofax de su propio padre para convencerla de aceptar la herencia de su madre fallecida meses antes, con una deuda universal, de bienes pasados y futuros con una suma que aglutinaba 5 ceros. Y allí íbamos todas, físicamente si las tareas diarias lo permitían o virtualmente para levantarla y conseguir que con los meses ese tema dejara de ser un trauma.

Y las noches en las que ya nos habíamos acostumbrado a dejar de encender la tele y coger el móvil para reírnos del último chiste del PP en el caso Bárcenas, Gurtel, Púnica…la que tocara. Y sobre todo nuestra mejor versión de diversión y compañía en la noche de sofá: ese preciado instante en el que pones tu bandeja para cenar y te ríes tú sola; reír de verdad hasta doler los abdominales, cuando en el coaching, la más lanzada de las 5 en lo que a búsqueda de pareja se refiere, nos contaba la cita de esa semana. Un chico guapísimo, alto, cachas, deportista en sus ratos libres después del trabajo, que desde la primera semana la regalaba detalles y que parecía perfecto, teníamos hasta prueba gráfica y las otras cuatro apreciábamos esos abdominales y esa melena morena a tono con su bronceado de correr al aire libre. Hasta que en la tercera salida juntos él le dijo que estaba tomando un medicamento determinado para dormir, porque con tanto estrés en el trabajo, el entrenamiento para lograr hcompletar la maratón aquel año e intentar llevar una vida social, le costaba conciliar el sueño.

Así contado, no tiene nada de extraño, si no hubiera sido porque esta amiga en particular, enfermera en la Seguridad Social en el área de psiquiatría, al oír el nombre del fármaco en cuestión, nos escribió al coaching diciendo:”tías, que el pibe maravilloso se mete un antipsicótico muy potente. A ver ahora cómo me deshago de él sin que me persiga con un cuchillo”

No cundió el pánico, sino la risa, porque conocemos de sobra las capacidades sociales de nuestra coach más risueña, Arancha y estábamos convencidas de que llegaría sana y salva. Pero las risas a la mañana siguiente, domingo por la mañana, de como un tipo así te habla de su medicación como si tomara valeriana, aún son hoy motivo de cachondeo general.

En realidad eramos 5 mujeres de lo más dispar, unidas por mis habilidades sociales, que aprendí a reconocer y valorar de una vez, por fin, en el referido taller de búsqueda de empleo. Dos secretarias que lo eran después de haber tenido hijos y de tener que abandonar sus puestos de abogada y fiscalista respectivamente. Que te contaban en el coaching cómo había que recoger el traje del tinte al director de turno, aguantar sus miradas al escote e incluso en algún caso buscar compañía femenina de pago, si la mujer estaba fuera de la cuidad, todo con una sonrisa permanente, el rimel retocado y la barra de labios en tono neutro poco llamativo.

Todo esto, así contado de corrido, revuelve las tripas y te lleva a no faltar ningún 25 del mes en la puerta del Sol y sobre todo a poner en todos tus perfiles de redes sociales imágenes reivindicativas de feminismo, pero hete aquí que yo estaba en esa búsqueda activa, y no podía pronunciarme ideológicamente. Tuve que recurrir a bucólicas fotos de mis hijos y yo, paisajes idílicos de vacaciones pasadas y renunciar al “Nos están matando”. Pero las historias del secretariado así contadas por la noche, nos hacían sonreír y nos llenaban de energía para seguir el camino al día siguiente.

Éramos un equipo y resultaba estupendo sentirnos parte de ello, sabiendo que la amistad es eso, poder reírte, llorar o pedir consejo a cualquier hora porque siempre va a haber alguien al otro lado y sobre todo disfrutar de unas cañas en directo, cuando lográbamos cuadrar nuestras facetas de madres, trabajadoras y demandantes de empleo.

Golpes: Semana #18
Tags: #ficción

Comentarios (1)

  • Susana . 7 mayo, 2017 . Responder

    Los grupos de wasshup son un buen sustitutivo de psicologos hoy en dia….y dan para una novela…o dos…

 

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