Reconozco a la niña que fui

con la misma sonrisa alegre,

entonces no tenía penas

ni nada que me atormentara.

Recogía flores de alelí

otras veces azucenas,

se las regalaba a mi madre

y la besaba en los labios.

Era capaz de cruzar las montañas

solo con el pensamiento,

siempre fui una soñadora

viviendo la vida — curiosa.

Desde ya bailaban historias

de justicia en mi razonamiento,

fueran ogros o princesas,

encantados o dragones,

el malo nunca triunfaba.

Tenía un abuelo mulato—

dicen que un chino mezclado—

que me hablaba de la luna

y de un labrador burlón,

que por reírse de ella

se lo llevó secuestrado,

y desde entonces la mancha

que veíamos en el astro,

era el pobre agricultor

que se quedó allí pegado.

Tuve amigas y muñecas,

una infancia muy feliz,

con una dosis perfecta

de buenos y malos ratos,

que a madurar me ayudaron,

y a poder sobrevivir.

Derechos Reservados, Melba Gómez, marzo 2017

Golpes: Semana #11
Tags: #poesía

Comentarios (2)

  • J.Maseda . 17 marzo, 2017 . Responder

    Buenos recuerdos, una bella infancia, buen aporte 🙂

    • (Autor) melbag123 . 18 marzo, 2017 . Responder

      Mil gracias por el comentario. Saludos.

 

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