No sabía que la crisálida, la jaula dorada, el balcón de los deseos, era triste.

El pequeño a sus nueve, diez, once, doce años, jugaba en aquellos noventa metros cuadrados. Sólo.

Su mamá estaba trabajando para sacarle adelante. Sin ayuda. Eran tiempos de desconocimiento y nunca supo reclamar.

Ella llegaba pasadas las diez de la noche, cansada y en ocasiones, triste. Muy triste. Sin ganas de hablar.

Claro, su papá estaba con la que era su esposa, con la que convivía, y sus negocios.

Sus hermanos no nacieron.

Su abuela tuvo que ser ingresada en una residencia para no salir con vida jamás.

Sus amigos … bueno, hacían su vida con su mamá, su papá, sus hermanos y su abuela.

La televisión de los 70 le educó. Le enseñó valores, imaginación, creatividad y le ofrecía mundos de fantasía.

Los libros de ciencia ficción le hablaban de un futuro maravilloso, lleno de estrellas y galaxias por conquistar.

Por las noches encendía el transistor para escuchar canciones y soñar con el amor perfecto.

Pero él no tenía con quién hablar.

Su radiocasete se impregnaba de su día a día en el “audioblog” de cinta de cromo que construyó, cada vez que tenía algo que compartir.

Pero no era suficiente. Necesitaba el contacto con eso que llamaban “Los Demás” más allá del colegio. Ah, la clase.

Le encantaba suspender y tener que ir en julio a cursillos de recuperación. Un mes más en el que tener a sus compañeros cerca.

Pero jamás sintió que todo esto era algo triste. Era, simplemente… así.

Lo vivía con esa cándida normalidad con la que los niños empuñan un fusil.

Ahora, con una cincuentena detrás, empieza a darse cuenta de que por eso le cuestan tanto algunas cosas.

Y por eso le apasionó la radio.

Sencillamente, necesitaba con quién hablar.

Y, sin pensarlo, no paró hasta tener a más de dos millones de personas escuchándole, y recibir los más prestigiosos premios que la radio podía darle. Llenó su espíritu con las más sinceras muestras de afecto de miles de seres durante décadas. Tres.

Ahora echa la vista atrás y comprende. Ha aprendido en este ciclo enorme – que ahora parece cambiar – a vivir, a compartir, a ver qué le aleja y acerca a eso de Los Demás, el cariño, la solidaridad, la paternidad, el estar con un hijo, y cientos de cosas más.

Aunque su mente siempre seguirá soñando con Universos y Galaxias por descubrir desde aquellos noventa metros cuadrados.

Comentarios (4)

  • Pablo Amor . 26 febrero, 2017 . Responder

    Emocionante. Poco a poco nos vamos acercando a la verdad.

  • Lady Keys . 26 febrero, 2017 . Responder

    Sencillamente espectacular…te entiendo tanto amigo mìo….

  • Javi . 8 junio, 2017 . Responder

    Conozco de cerca una parte pequeña de una década de esas que viviste en la radio.

    Compartí estudio contigo y al conocerte supe que algo era carente en ti porque tu entusiasmo estaba focalizado en cada mañana y en la siguiente.

    No se si me equivoco o no pero hubo un momento que adorabas los lunes.
    Quizás porque tenías la misma sensación que cuando suspendias y tenías ganas de volver a ver a tus compañeros. No se si fui un gran amigo o no en aquellos momentos. Pero me reconforta saber que pensamos el uno en el otro.
    Un abrazoooo fuerte querido amigo

    • (Autor) Juanma Ortega . 8 junio, 2017 . Responder

      Me honras, Javi.

      Solamente puedo añadir que si nos abrazábamos antes de cada programa era por algo.

      Nadie lo hace ahora, y mira, no nos fue mal.

      Gracias. De corazón.

 

Todos los textos son propiedad de sus respectivos autores - Contacto: los52golpes@gmail.com