Este texto puede parecer un lamento, o una reclamación. Pues no. Es un sereno y positivo manual simple de instrucciones. Es casi, como decimos en publicidad, una “llamada a la acción”. No lo ves, pero sonrío al escribirlo.

No es tan complicado. Conseguir una vida a prueba de golpes es un acto de supervivencia maravilloso.

Solo necesitas partir, por ejemplo, de una cierta dosis de injusticia. La justa para que haya cosas con las que no te sea fácil vivir en paz. Y/O elegir mal tus compañías. Que a fin de cuentas, viene a ser lo mismo en algún punto del camino.

Porque, primera aproximación: la justicia está en los libros. En la teoría. Y aquellos que la imparten profesionalmente tratan, en unas ocasiones más que en otras, o con mayor o menor acierto, de contrarrestar o generar un efecto Universal, algo contra lo que luchar es absurdo y agotador:

La vida es, por definición, profundamente injusta.

No es un lamento. Es recordar cómo son realmente las cosas. Métetelo en la cabeza. Es así. Por lo mismo que existen las flores o el viento. La vida es un constante desequilibrio tratando de equilibrarse. Y en el reparto de lo que para nosotros es bueno, no ha de ser diferente. Ninguna situación es equitativa del todo. Siempre habrá alguien que se llevará la mejor parte.

O, al menos, eso te puede parecer. Muchas veces te sorprenderías si vieras la misma situación que para ti es injusta, cómo también lo puede ser para quien está al otro lado.

Si, la vida no es justa, y por naturaleza. Deja de asentir en tus adentros. Deja de lamentarlo. Es absurdo. No patalees como un niño enrabietado y hazte responsable de tus propios actos. Cada vez que te quejas, te hundes más en el fango. Sobrevive. Lucha por traer hacia tu lado la balanza. Claro, y aquí viene el momento del “¿Y cómo?”. Será fácil o difícil pero voy a darte lo que para mí es un buen punto de partida:

¡Averigua cómo funcionan las cosas!

Toda la energía que inviertas en lamentos, protestas, quejidos, manifestaciones, agresiones, actos de repulsa, venganzas, comunicaciones al mundo, muestras de apoyo, o luchas solidarias… no sirve sin un plan, una intención, un efecto esperado. De hecho, normalmente y si no hay un sereno cálculo previo, se vuelve contra ti.

Gritar no siempre sirve. Es posible que sí, pero tras haber calculado bien los efectos  y hecho tus deberes. Para eso tendrás que usar algo que en el reparto de la vida te han dado: tu sustancia gris. La que alberga tu cráneo. El coco. Eso nos lleva a otra gran máxima:

Conoce cuáles son tus cartas en la partida, y úsalas bien.

Unos serán más creativos, otros más o menos sociables, otros, calculadores. Los hay que pueden conservar la calma y los hay apasionados y entregados. Cada uno de nosotros viene a esta partida de existir con unas cartas de la baraja. Y de nada sirve querer otras. No te canses ansiando las del de al lado, que nada conoces de sus miserias.

Un reo jamás se fugará por gritar, manifestarse, o agredir a nadie. Tendrá que hacer un cálculo metódico, paciente y meticuloso de sus posibilidades y de sus oportunidades.

Saber “cómo funcionan las cosas” es la clave. Jamás lo olvides. Porque, traigo noticias: eres prisionero de una vida que funciona con sus propias reglas, y no tienen que ser las tuyas.

Sentencias injustas las reparte la vida todos los días. Averigua cómo cambiar eso. Calcula bien. Piensa cada paso:

No reacciones jamás sin un plan.

O te saldrán sabañones hasta en los ojos. Trágate el ego, por muy amargo que sepa. No es útil.

Soy padre divorciado. La vida me ha enseñado mucho. Pero en perfecta simetría al otro lado hay madres injustamente tratadas. Tú puedes ser un joven en una familia que te impone creencias diferentes a las tuyas, o una trabajadora en un entorno machista, un becario maltratado, o simplemente un contribuyente español. Hay tantos casos como personas. Y dentro de cada vida, mil ejemplos.

Puedes conseguir una vida a prueba de golpes, si centras toda tu energía en conocerte, aprender cómo funcionan las cosas, y actuar siempre con un plan.

No será mezquino, si tus objetivos son nobles. Jamás se consiguió una causa justa actuando sin orden ni concierto.

Los demás, que pataleen, lloren o agredan. Mejor estar ocupado en saber cómo funciona esto de vivir.

 

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