Hay un gesto único.

Ese que se cuela en las alcobas de los que amamos.

En la imaginación del onanista.

En el suelo del gimnasio.

En los dormitorios de las adolescentes.

En la clase de Yoga.

Es ese gesto que puede ser elegante como el más elaborado de los ademanes, o brusco como ninguno.

Ese sin el cual es imposible hacer el amor acostados, o encajarte esos vaqueros estrechos.

Ese levantar de caderas que provoca a veces el pequeño paréntesis en pleno apogeo fogoso.

Ese ofrecer el pubis al cielo es a veces también signo inequívoco de placer.

Siendo prosáicos, es indispensable ese momento en el que se elevan las caderas para poder hacer que un pantalón, o la prenda íntima entre… o salga.

Es un instante, sí, pero se hace eterno cuando estás inmerso en el juego amoroso. Es de entrega, o sencillamente porque es la única forma de hacer que no te levantes, que sería aún más largo.

Levantemos las caderas, sin miedo, sin pudor, cuando toque.

 

Comentarios (1)

  • Sol . 17 marzo, 2017 . Responder

    Me encanta: ‘ese ofrecer el pubis al cielo…’ tan mundano y tan etéreo. Así haremos, ‘cuando toque’

 

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