Cuadragesimosegundo golpe — La loca de los gatos

22 octubre, 2017.2 Comentarios.#relato

Creí que era un mito, una figura mitológica a la que se invocaba cuando se hablaba de seres huraños y solitarios recluidos en algún rincón por no poder establecer relación con los de su propia especie. Pero les digo que es de verdad, como lo es la noche y el día: es un ser de ciento setenta centímetros, tez morena, pelo negrísimo, ojos tristes y un chándal rosa. Rosa palo. Apareció de entre la llovizna y se acercó a nosotros. Su excusa era eficaz, aparentemente lógica, y en ningún momento sospechamos que estábamos cayendo en sus viperinas redes.

—¿Es vuestra esa furgoneta?

Nos giramos y encontramos la furgoneta blanca a la que se refería aparcada a nuestra izquierda.

—No, no es nuestra.

La criatura pareció no contentarse con nuestra respuesta.

—Es que, veréis… se ha metido la gata ahí dentro, y normalmente se mete en otro coche, y es para que lo sepan, que he dejado allí comida para ella, no vaya a ser que vayan a moverla…

En ese punto mentí para liberarme de sus garras vocales.

—No tengo ni idea de quién puede ser —era del vecino del quinto—.

Amagué con dar un paso y pensé que la criatura nos dejaría ir. Qué equivocado estaba.

—Pues es que la gata ya tiene dieciocho años, y es mía, pero no entra en casa, porque se ha criado en la calle y sólo llega al portal, y ahí le doy de comer. Normalmente se mete dentro del coche de un vecino de aquí que ya lo sabe, pero claro, ahora se ha metido ahí y no salía y le he puesto comida. Porque con este tiempo no sale, está mejor al calor del coche, ¿sabes? Es que me da una penita… Los gatos son mi debilidad —miró a mi hija por un momento y rectificó al vuelo—. Los gatos y los bebés. Mira qué bonita, parece otro gatito. De verdad, ¿eh? Yo tengo cinco sobrinos y todos me adoran. Para ellos soy su tía preferida. Hasta el mediano, que es hijo de mi hermano. Pobrecitos padres, el niño no hace caso a nada y han tenido un problemón con él. ¡Uf! Desde luego que le han arruinado la vida a esos padres —de vez en cuando emitíamos un «ya, ya», un «ajá» o un sutil «bueno, pues nos vamos» para zanjar la conversación, pero la criatura parecía no escuchar nuestras súplicas—. En cambio los gatos… son mi debilidad. Que queréis que os diga, ¡es que son criaturitas! A mí me dan mucha pena, y más ahora, cuando llueve.

Llegó una vecina y vimos una oportunidad para huir. No inmediatamente, pero su soliloquio se fue evaporando mientras dábamos pasitos en la dirección opuesta, que, por cierto, no nos conducía a donde queríamos ir. Lo mismo nos daba.

—Pues voy a ver si encuentro al dueño, no sea que vaya a llevarse la furgoneta y la pobre se asuste y acabe atropellándola. Es que ya es mayor, la pobre, ya no es tan rápida como antes —la mancha rosa empezaba a difuminarse—, en fin, voy a dar una vuelta a la manzana a ver de quién puede ser. Mira que irse a otro coche…

Las palabras de la criatura mitológica se perdían en el gris de la tarde. Poco a poco nos pudimos alejar y perder de vista la mancha rosa chicle de su chándal y el azabache de su pelo, que contrastaba con sus zapatillas níveas. Su caminar era triste y sus palabras caían rendidas a la gravedad. Después de unos metros llegamos a la furgoneta en cuestión. Me aseguré de que la criatura ya no nos veía y me agaché.

No había ningún gato debajo de la furgoneta. Tampoco había restos de comida.

Será que la mató mi curiosidad.

 

Posdata. Tratamos de seguir nuestras vidas con normalidad después de aquello. Dormimos lo que podemos. Os digo que la criatura es real. Temed por vuestras vidas. Si alguna vez os acecha, que Dios la confunda y se apiade de vuestra alma.

Golpes: Semana #42
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Comentarios (2)

  • David Requena . 22 octubre, 2017 . Responder

    Pobre mujer, eres demasiado severo con ella. ¿Cuánta gente hay por el mundo que tiene como mayor deseo ser escuchada?

    Y el caso es que durante varias líneas de tu relato he pasado miedo y todo…

  • (Autor) Johan Cladheart . 22 octubre, 2017 . Responder

    Yo todavía lo tengo. En ocasiones veo chándales.

 

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