Cuadragesimoprimer golpe — El paseo

14 octubre, 2017.0 Comentarios.#relato

Viajar al pasado es tan fácil como leer un libro antiguo. O un diccionario, también. Aunque sea un cuadernillo de recetas de cocina. Ya se aprecia en las fotos, en los textos y en los propios platos, mucha historia. En uno de ellos, del 64, leímos una clase de protocolo en donde detallaban cómo tenía que comportarse el ama de casa, quien debía mantener la calma aunque algún invitado borracho o el dueño de la casa le rompiera un vaso. Era la única que se podía levantar en medio de la velada. Y no por estar excusada, sino para traer platos. Ella y sus hijas si las tuviere, claro. Cosas que hoy por hoy nos parecen de Marte a la mayoría. Imagínense que no harían en la Edad Media. Contextualizar es clave a la hora de entender el pasado y a las personas. Cada uno venimos de nuestro mundo, y hay sentimientos que se nos agarran a las vísceras y no salen ni con alcohol barato.

Cuando se acabó la velada de pizza y libros antiguos, pasaban las doce. No había rastro de cenicientas en la calle y yo tenía media hora a pie. La brisa era agradable y le daba vueltas a cómo cambiaría la vida de todos y cada uno de nosotros de desplazarla tan sólo unos metros. O unos años. ¿Acaso hay algo verdaderamente nuestro en lo que somos? La barriada de aquella zona es aún antigua, de casas bajas y portales llenos de vida, mesas de reunión y licor, de asfalto llovido de basura e inmundicia. Iglesias evangelistas de cuando en cuando. Bill Withers me lo susurraba al oído: «Grandma’s hands clapped in church on Sunday morning…». Otra lección de historia oportuna. Luces en alguna casa, casi ninguna alma en las aceras. Crucé el puente de Sepúlveda y Apollo Brown y Ras Kass insistían con el tema eclesiástico: «Like a little old lady with a rosary in her hand and cheerin’ Pope Fran while she standin’ in the Vatican». Bares en los que se fuma todavía. Basura, papeles por todas partes. Litronas vacías en el suelo. La sutil diferencia entre que la calle sea tuya o para ti, que tan difícil parece de entender. Problemas secundarios para muchos, imagino. Chavales que vuelven de entrenar, de hacerse fuertes para que no los pisen. Saben que hay lobos esperando carnaza débil. Recuerdos del barrio Lucero y la casa de mis primos. Tracy Chapman me hablaba de una revolución mientras en los balcones hedían las banderas arrugadas, recién compradas en los chinos, para ostentar el sentimiento de pertenencia que nos hunde. It sounds like a whisper, while they’re standing in the welfare lines... Un grupo en una mesa del parque, bebiendo, parecía una foto de una vida de la que parecía huir con mi trote cansado. Los Atmosphere me recordaban lo que puede a llegar a pesar un barrio: «Took one last took at the yard, snow’s gone, it’s never growing back…». En la recta final, huí de la mirada de dos chicas y la de un tipo joven vestido de pandillero, con un pañuelo en la boca y montado en una bici de acrobacias, de ésas canijas. «Aventando silencio le quito el precio a mi soledad, la desato y tirito, que no está escrito, pero estará…», Los Marea me hablaban de la majada justo cuando entraba a casa, lugar en el que, mira por dónde, un cerdo puede revolcarse en su propia tinta feliz como sólo un cerdo puede serlo. Buenas noches.

Golpes: Semana #41
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