Cuadragésimo golpe — Las cuarenta

12 octubre, 2017.0 Comentarios.#relato

Eran cuarenta tacos y cuarenta golpes. Juntarnos cuarenta hubiera sido la guinda, pero tampoco nos cae tan bien la gente. Los cumplía un amigo de ésos a los que ves poco, pero da lo mismo. Son amistades de las de andar en bicicleta. Allá se juntó un grupo de lo más variopinto —muchos ni nos conocíamos—, cada uno de sus creencias y sus ideologías, de su pasado y su entorno. Sinceramente, temía que pudiera ser un polvorín. Cuando uno ve las noticias, llega a pensar que está abocado a pelearse. Cuarenta canciones cantamos, veinte velas dos veces apagadas, más de cuarenta platos y cuarenta copas… y una partida de mus. Partida en la que, por cierto, no sabíamos si ir a cuarenta o a treinta al principio. Las horas pasaban y el polvorín sólo estaba en aquella mesa, con cuatro tipos mirándose sus cuatro cartas y un público expectante, en el que vascos, catalanes y españoles de las dos Españas sólo discutían por ver quién se levantaba a por la siguiente copa. Pensé que todas esas peleas que nos quieren vender no son más que eso: productos de escaparate. Que los órdagos que se tiran no son más que faroles y que ninguno lleva una buena baza. Al fondo, la gente, se perdía en sus conversaciones y se iba extinguiendo poco a poco en la noche mientras repartíamos cartas una y otra vez y hacíamos lo que mejor se nos da, lo que los angloparlantes llaman trash talking. Nosotros, a falta de mejor solución, lo llamamos charraneo. Humor ácido, acidísimo, que visto desde fuera asusta de verdad y que no funciona en otros grupos. Pero a nosotros nos va bien. ¡Es más! ¡Se echa mucho de menos! Eso de saludarse con «subnormal», meter el dedo en la yaga e ir a la contra, ganar y decir que es como robar a una borracha, sacar a colación el chándal de la federación y meterse sistemáticamente con el rival y hasta con el compañero si hace falta. «Toma, anda, imbécil» fue la consigna a la hora de dar el regalo. Somos gente que no da las gracias. Nuestro humor está en la humillación. Es nuestro rollo. Llevar el odio a la risa. Y es que no hay mejor manera de unir a un pueblo que dirigir su odio. Pues si esos hijos de puta saben contar, que no cuenten con el mío.

Golpes: Semana #40
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