Vigesimonoveno golpe — No es país para veganos

25 julio, 2017.2 Comentarios.#no ficción

Nunca digas de este agua no beberé ni este cura no es mi padre. Sí, señorías. Yo, que fui criado en Segovia —tierra en la que sólo se comen bebés de animales y la verdura no se usa ni para decorar—, y afincándome poco a poco a la zona de El Bierzo —donde si pides «algo que no tenga carne» te traen un señor pulpo—, he iniciado las correspondientes gestiones para convertirme en vegano. Y no se vayan a creer que la ética me ha llegado a mi edad. Qué va. Es más, yo era de los que hacía chistes con ello, así que ahora me los tengo que comer con patatas (que sí que puedo). No tengo nada en contra de comer animales. Sí tenía reparos al modo de crianza, pero bueno, como el que los tiene cuando se para a pensar que su ropa la hacen niños en Bangladesh pero acaba dando codazos en las rebajas. El que esté libre de pecado, que me tire una piedra a la cabeza. Resulta que había motivos mucho más grandes para serlo y yo estaba en la inopia. Si quieren conocerlos, no tienen más que preguntarme por el nombre de un documental y echarle un rato a navegar por Internet. Advertidos quedan: pueden no volver a comer una hamburguesa el resto de su vida. Ustedes sabrán.

Dicho esto, les diré que, si deciden dar el paso, no intenten salir a comer a ningún restaurante del país y elegir una menestra de verduras sin jamón o un bocadillo vegetal sin atún o sin huevo. ¿De qué árbol colgarán las latas de atún? En serio, es imposible. Uno no se da cuenta de la explotación ganadera que se hace hasta que la quiere eliminar de su dieta. Ya hablé en una ocasión de lo que suponía ser abstemio y salir a la calle indemne —lo llamé «No es país para abstemios», de ahí el nombre de hoy—. Y eso que tampoco lo soy a tiempo completo. Únanle a esto que también he dejado el azúcar. Sí. Es lo que están pensando. No puedo asistir a ningún evento social por pequeño que sea. Bueno, asistir, sí; pero más me vale llevar un puñado de almendras en los bolsillos. O claudicar, para qué nos vamos a engañar. A veces no queda otra. Y no culpo a nadie ni exijo nada, oiga. Que es una decisión mía y soy yo el que tengo que apechugar y no el resto del mundo. Eso lo tengo claro. Nadie da facilidades en la guerra y yo soy soldado raso.

En fin, no me extiendo más por esta semana. Voy a preparar algo para mañana y a pensar cómo introducir comida en la barba-boda del próximo sábado. Seguro que eso dará para otra historia.

Golpes: Semana #29

Comentarios (2)

  • Sol . 30 julio, 2017 . Responder

    Muy respetable, pero sobretodo no dejes de escribir y ni de practicar aquello que más placer te proporcione.

    • (Autor) Johan Cladheart . 31 julio, 2017 . Responder

      Tranquila, intentaré sacar tiempo para la escritura y el onanismo. Si es que son cosas diferentes. 🙂

 

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