Vigesimocuarto golpe — La disyuntiva de la tortilla

18 junio, 2017.4 Comentarios.#no ficción

Sabrán entender que la parte de «patata» es, generalmente, bien entendida. Sin embargo, la de «tortilla», no lo es tanto. Y es que —dicen los que saben cocinarse la vida— hay que echarle más huevos. La vida es más como una tortilla de patata que como una caja de bombones, Forrest. La mayoría de la población le echa mucha patata al asunto, pensando en llenar el buche, aunque luego tenga que pasar el bocado a base de tragos los fines de semana. Hay quien acaba mascando una gran Campurriana amarilla que exige ración extra de licor para abrirse camino por el esófago. En realidad, todos somos conscientes de que con más huevos, la tortilla es mejor. Pero tenemos miedo de que se nos quede demasiado líquida, de que se nos descuajaringue cuando tengamos que darle la vuelta, o de no llenarnos el buche lo suficiente.

Y allí estaba yo, pensando en mis tortillas, mientras dos señores y una señora me ofrecían cocinar para ellos en una mesa de oficina. Yo les decía que no cambiaba sus patatas por mis huevos, ni hablar del peluquín, pero eran tres contra uno y me acabaron por convencer de que, al final, más pronto que tarde, la tortilla se me iba a desmoronar. Que mi pequeño restaurante no podía durar mucho. Y yo sabía que, en el fondo, tenían razón. «Aquí tendrás más seguridad, ven con nosotros», decían, «es una empresa en crecimiento». «Aquí cada vez hacemos más tortillas, ya verás, serás un cocinero de primera con el tiempo». Uno de los señores me acercó un papel arrugado con una cifra. «Esto es lo que podemos ofrecerte de momento. En función de tus capacidades, se revisaría a fin de año», me dijo mientras me lo alcanzaba. Pero bastante tenía ya con las tortillas como para ponerme a jugar con el palo y la zanahoria. Sé muy bien cómo se juega. Otra cosa es lo de los papelitos arrugados y el regateo, qué va, a eso no sé jugar. A esto no gano ni con la suerte del principiante.

Y aquí estoy, en mi grasiento fogón, debatiéndome sobre si echarle más patata o más huevos, con el mandil puesto y el aceite hirviendo a temperatura ambiente madrileña. No me juzguen mucho, que ahora tengo que dar de comer a una más, y la patata llena el buche. El caso es que su restaurante tiene buena pinta, pero ir allí sería admitir que mis huevos son más huevina que otra cosa y que la patata hervida es lo mismo que la frita. Y no. La vida es como una caja de bombones, eso también es verdad, Forrest, pero sí sabes lo que te va a tocar. Productos artificiales. Cajas con lacitos que por dentro no son más que mentiras azucaradas. Y me dan ganas de correr como a ti, Forrest, pero me temo que no estoy tan ágil. Me ha vuelto a crecer la barriga con el estrés. Pero en vez de hablar con un personaje ficticio tal vez debería hablarme a mi mismo, que se me está muriendo el domingo y mañana hay que responder. Y a estas alturas no sé siquiera si me apetece comerme la maldita tortilla.

Golpes: Semana #24

Comentarios (4)

  • fisherwoman . 19 junio, 2017 . Responder

    Con huevos siempre mejor. Y cuando se hacen con tanto cariño, imposible que salgan mal.

    • (Autor) Johan Cladheart . 19 junio, 2017 . Responder

      Pues la cosa es que los huevos nunca me quedaron bien.

  • Javier Oliva . 19 junio, 2017 . Responder

    Me ha gustado mucho, Johan. Hay muchas cosas en esta vida (trabajos, personas, relaciones) que son como tú dices: ‘Cajas con lacitos que por dentro no son más que mentiras azucaradas.’ Enhorabuena, chaval.

    • (Autor) Johan Cladheart . 19 junio, 2017 . Responder

      Forrest, que es un sabio. Yo me limito a interpretar sus enseñanzas.

 

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