me dijiste una vez que tenías plomo en la sangre

y que tendías a ir despacio en las curvas

que cada movimiento te costaba un triunfo

que perdías mecheros como trenes

que amabas como duermen los caballos

: de pie y a poquitos

; pues hoy no lo parece

; todo eso lo parezco yo

, parezco yo la lentitud

y me dices tortuga y respondo

me dices nube baja y te dejo de mirar

me dices loca y diminuta parte del mundo

y un discreto regocijo me recoge

; me siento como una tubería sin final

que construye una infinita carretera

: voy volcando el cemento que se me da

, sacio la sed que queda entre el sol y las sombras

; me muevo pesada y torpemente

y de tanto en tanto agito los raíles

para sentir que sigo vivo

; echo la vista atrás

entreveo ceniza y piedras sueltas

arena tosca y limaduras de hierro

; soy más o menos libre

y parece que no lo he sabido

hasta hoy

.

Golpes: Semana #27
Tags: #poesía

Comentarios (4)

  • Sol . 7 julio, 2017 . Responder

    Algunos paisajes son tan breves y eternos… me gusta, gracias

    • (Autor) Javier Oliva . 26 julio, 2017 . Responder

      Sí, señora, brevedad y eternidad, el binomio sobre el que pivota la vida. Gracias por leer, Sol

  • Zamoranita . 8 julio, 2017 . Responder

    Pues qué bueno que te dieras cuenta, enhorabuena!

    • (Autor) Javier Oliva . 26 julio, 2017 . Responder

      Je, je, sí, a veces uno tiene momentos de lucidez… El asunto difícil viene después, qué hacer con esa libertad… Muchísimas gracias, Zamoranita

 

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