“…Era como si pudiera expresar el significado del mundo como un niño que acabara de aprender a hablar…”

En ese preciso momento levanto la vista del libro y veo a un niño que camina cerca de la ventana y se dirige hacia la puerta de la casa en que vivimos en este estrecho pueblo perdido y olvidado en el páramo, al norte de Grecia.  En ese primer golpe de vista que apenas dura unos 3 segundos creo descubrir 3 cosas sobre el niño:  Es solitario y tímido como todos los niños sin Nombre.

Ya no alcanzo a verlo pero está a punto de golpear 3 veces la puerta con su pequeña mano izquierda.  Ha venido a buscarme.

No cabe duda, el niño ha aprendido a hablar muchos años después que yo pero no puedo, me es imposible, entender una sola palabra de lo que intenta decirme.

Mientras miro a sus ojos tristes, profundos y negros una profunda sensación de angustia,  de miedo y de cansancio se hace conmigo hasta el punto de que olvido  mi nombre, que es griego.

Y entonces,  en ese preciso momento , levanto  la vista del niño y asisto a un instante de revelación:

Por fin comprendo que  nunca había estado tan lejos de casa ni frente a un niño sin Nombre.

Golpes: Semana #31

 

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