Relatos imposibles: las tesis desplazadas

30 abril, 2017.1 Comentario.#ficción #relato

El profesor universitario de ese cuento cree estar enamorado de su alumna y su alumna cree estar enamorada de él. Para el profesor, ella representa la libertad, la ausencia de ataduras de esa etapa entre la adolescencia y la vida adulta, antes de las oposiciones, del trabajo, de la pareja, de los hijos; para la alumna, él representa la libertad, la ausencia de barreras tras la emancipación y los exámenes y la dependencia de los padres y la exigua paga semanal.

Ambos deciden no acudir el martes a la universidad e ir juntos a la playa, y es aquí donde comienza el relato, en una carretera desierta que serpentea entre plataneras, iluminadas por unos cálidos pero aún tímidos rayos de sol. En el coche, además de dos monólogos interiores por los que el autor se asoma tanto que a punto está de caer de bruces sobre el papel impreso, hay un peluche que al ser engullido más tarde por la marea simbolizará el fin de la infancia.

A estas alturas, el autor no sabe qué hacer con su tesis. Seamos sinceros: ¿quién sabría o a quién no le daría pereza? Es entonces cuando desplaza el punto de vista a dos señoras, una que mira con reprobación al profesor que abraza a la alumna y otra que mira con reprobación a la chica que abraza al hombre. El autor no se acuerda, pero antes comentó no solo la poca diferencia de edad entre ambos, sino también la cara aniñada y lampiña del profesor. Aún así, se bate con esta tesis durante unos párrafos, hasta que no sabe qué hacer con ella y desplaza el punto de vista a él mismo, el narrador, El Narrador, que con pluma ágil remonta la playa, desanda la carretera y decide poner punto y final al cuento para bajar al bar a beberse unas cervezas.

Golpes: Semana #17

Comentarios (1)

  • Sol . 21 junio, 2017 . Responder

    Si no es salirse por la tangente para cerrar, es salirse a unas birras. Gracias!

 

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