Hace tiempo que no te escribo, pero no creas que es porque no me acuerdo de ti.

Aquí los días pasan uno detrás de otro, sin nombre. Los relojes y los calendarios están prohibidos. Dicen que no los necesitamos, que somos más felices sin ellos.

Te vas a reír… Un día intenté calcular yo el tiempo y llegué a contar 16.899 segundos, así, uno detrás de otro, mientras trabajaba en la fábrica. Entonces sonó la sirena y perdí la cuenta. No lo pude evitar, me puse a llorar como una tonta; tendrías que haberme visto. ¿Crees que me estoy desquiciando?

La sirena es la forma que tienen de avisarnos de lo que viene. Cuándo tienes que levantarte, ir al trabajo, salir de él, volver a casa… Hay toque de queda. En realidad, se supone que no puedes estar en la calle salvo para desplazarte a hacer tus tareas. Y no sé cómo lo saben, pero lo saben. Lo mejor es cumplir con ellas cuanto antes y no pararte a hablar con nadie. Todos somos desconocidos.

La semana pasada Mario dejó de vivir con nosotros. Le han dado una habitación en otro edificio de la ciudad, aunque no me dicho cuál por miedo a que intente visitarle. Es probable que ya no volvamos a verle, esto es tan grande… Me pregunto cuánto tardarán en quitarme también a Antonio.

Julián, ¿sigues vivo o solo en mis recuerdos? Te echo tanto de menos. Ojalá pudieras contestarme.

Golpes: Semana #44

Comentarios (2)

  • Sol . 6 noviembre, 2017 . Responder

    Inquietante, ya queremos segunda parte. Julián, contesta y despeja dudas sobre ella.

    • Sol . 6 noviembre, 2017 . Responder

      Perdón, tercera 😉

 

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