Las hojas de los árboles han comenzado a caer. Algunas ni siquiera han llegado a tornarse amarillas, pero parecía que no podían esperar a tocar el suelo. Yo las observo desde abajo y me pregunto si es que en verdad querían hacerme compañía, junto a las lombrices y gusanos que llevan días haciendo desaparecer mis restos. Aún faltan meses para que lo consigan, aunque mi intuición me dice que van a terminar mucho antes (los aullidos cada vez se escuchan más cerca).

En realidad, no me importa demasiado. Que mi carne acabe alimentando las fauces de una manada. Quizá así dejen algún hueso a la luz del día, visible para algún pastor o cazador de la zona.

Ya no tengo miedo a que me encuentren desnuda ni a que mis padres descubran el trágico final de su hija. Lo que sea con tal de que me incineren y deje de sentir el peso de la tierra sobre mi cuerpo. Eso, claro está, si son capaces de adivinar mi último deseo.

Golpes: Semana #38

Comentarios (4)

  • Johan Cladheart . 25 septiembre, 2017 . Responder

    Madre. Empieza como un bucólico poema otoñal y acaba como una novela de terror. Y me gusta la combinación.

    • (Autor) fisherwoman . 8 octubre, 2017 . Responder

      Así tengo yo la cabeza, jajaja. Gracias por leer y comentar 🙂

  • Sol . 6 octubre, 2017 . Responder

    De acuerdo totalmente con Johan. El contenido oscuro pero de alguna manera hasta agradable.

    • (Autor) fisherwoman . 8 octubre, 2017 . Responder

      Igual más conformista, como si hubiera aceptado lo que el destino tuvo para ella

 

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