Era la primera vez que tenía unas bragas en sus manos. Su hermana había salido a correr y él aprovechó su ausencia para entrar en su habitación y husmear en el cajón donde guardaba la ropa interior. Había de todas las clases y colores, pero eligió unas con encaje negro y tacto de tul.

Esperó lo que a él le pareció una eternidad. Ya con todos acostados y la noche de refugio, se dijo que era el momento. Ni siquiera encendió la luz de su cuarto, solo la linterna del móvil. Pasó una a una sus enclenques piernas por los agujeros, se las ajustó y se puso delante del espejo. Le venían algo pequeñas. Eran similares a los slip que utilizaba, salvo que apretaban mucho más. Eso le gustaba. Sentir que las gomas se le clavaban en la piel mientras le dejaban un mordisco alrededor de los glúteos.

No podía dejar de mirarse, hipnotizado por lo que veía, asqueado al mismo tiempo. Metió la mano dentro y probó a llevarse el pene hacia atrás, tal y como hacían en youtube.

Su respiración se volvió agitada. No era para menos. 14 años, 3 meses y 7 días después, se tenía de frente por primera vez.

Golpes: Semana #32

Comentarios (1)

  • Sol . 14 agosto, 2017 . Responder

    Reencuentro con uno mismo, qué cruel o qué placentero mirarse al espejo.

 

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