Los primeros rayos de sol entraban por los enormes ventanales de la biblioteca y la llenaban de luces y sombras. Ahora el espacio cobraba vida y dejaba entrever lo que en su día tuvo que ser una estancia magnánima. Los suelos de madera daban paso a paredes de gran altura que, por sus marcas, habían dado cabida a una buena colección de pintura y literatura. Era fácil imaginarse el resto de estanterías colocadas arbitrariamente por el lugar, rodeadas de amplias mesas e incómodas sillas para que los estudiantes no sucumbieran al cansancio de los eternos meses de exámenes.

Aún pasaron algunas horas hasta que Kiara despertó. La conmoción del golpe le trajo súbitamente a la realidad, con un dolor de cabeza insoportable. Le costó bastante ubicarse y recordar por qué estaba allí, pero mucho más entender las devastadoras consecuencias del tiempo que había estado inconsciente. A esas horas, varias unidades de obediencia ya estarían buscándola con el incentivo de poder darle caza utilizando toda la fuerza necesaria aunque, sin el chip, no podían localizarla.

Su mano se dirigió con avidez hacia la nunca para cerciorarse de que el adhesivo aún seguía allí. Enseguida sintió el tacto del plástico, rodeado de costras y de pelo pegado por la sangre. Poco le importaba mientras mantuviera sus funciones intactas.

Milagrosamente, no se había manchado el vestido ni en su cara había rasguño alguno que pudiera delatarla involuntariamente, pero le costaba mantenerse erguida y caminar. Todo le daba vueltas y la luz, que tanto había echado en falta la noche anterior, ahora se tornaba demasiado impetuosa, cegando cada uno de sus indecisos pasos.

Necesitaba un plan. Por lo pronto, Jeff tenía en su poder, sin saberlo, la única arma que podría liberar a los humanos de los lazos opresores con los que llevaban viviendo los últimos 1.000 años. Al menos el factor sorpresa estaba de su parte, ya que Jeff pensaría que, a esas alturas, o la habrían detenido o estaría muerta. Así que, por más suicida que le pareciera la idea, puso rumbo al único lugar donde cualquiera podría reconocerla.

Poco a poco, la rabia fue sustituyendo a la confusión, y Kiara comenzó a tener una visión clara de la realidad. El final estaba cerca. No podía mostrar ningún atisbo de duda. De una u otra forma, iba a hacerlo.

Por fin la universidad se erigía ante ella. Entró en el edificio como un huracán y, para cuando llegó a la cocina, había alcanzado la categoría 5. Cogió el cuchillo más grande que encontró y se lo clavó en el pecho al primer metahumano que se cruzó en su camino. La sangre brotaba de su boca con la misma rapidez y densidad que una fuente de chocolate.

Kiara le arrebató el arma y esperó agazapada detrás de la isla móvil de la cocina. Tal y como imaginaba, los refuerzos no se hicieron esperar. En cuanto les tuvo a tiro, se levantó súbitamente y les disparó, sin darles tiempo a reaccionar. Tenía unos 15 minutos hasta que aquello se convirtiera en un avispero de metahumanos muy cabreados.

El grupo de Jeff estaba en el almacén colocando las últimas provisiones, ajenos a lo que estaba pasando.

–Quietos. Sobre todo tú, Jeff –la orden de Kiara, acompañada de la pistola apuntándoles, surtió efecto. –No voy a haceros daño. Solo necesito que me escuchéis.

–Tu cara me resulta familiar –dijo uno de ellos. –Eres una nodriza, ¿no?  

­–Soy una humana, como vosotros, pero llevo algo capaz de inhabilitar el chip con el que nos controlan, y sé dónde hay más.

–¿Qué quieres, que nos maten? –esta vez era Jeff el que hablaba.

–Ya estamos muertos. ¿O respirar para ser el recambio de otro te parece una existencia digna? Los humanos nacemos sin vida.

–Ella tiene razón. Solo somos un cuerpo que ni siquiera nos pertenece. Cuenta conmigo.

–Y conmigo.

–Y conmigo.

Uno a uno, se fueron uniendo a la misión suicida de Kiara, también Jeff. Por suerte, había dejado la mochila con los adhesivos en su taquilla y pudieron hacerse con ella antes de que llegaran las patrullas. Por el camino reclutaron a más aliados.

Kiara entró en la sala de lactancia y liberó a todas las mujeres. Los bebés, sin embargo, fueron los primeros mártires por la causa.

A partir de ahí, dividieron sus fuerzas y se repartieron en pequeños grupos para abarcar los principales núcleos de la granja. Todos sabían lo que había que hacer: matar a los suyos. Los humanos, o las células, poco importaba ya su nombre, tenían que desaparecer. Su final sería el preludio de otro, el de los metahumanos. Las posibilidades de éxito se reducían al mínimo. Ellos eran muy inferiores en número y, en cuanto se veían rodeados, optaban por acabar con su propia vida antes de ser atrapados.

Todo iba todo lo bien que podía ir. Habían conseguido detonar varios artefactos explosivos; media granja se consumía entre las llamas y la otra mitad palidecía teñida de sangre. Kiara corría de un sitio a otro, herida, pero con fuerzas para seguir luchando. Los humanos que encontraba a su paso prácticamente se abalanzaban sobre ella buscando sus balas. Algunos incluso le regalaban un gesto de agradecimiento antes de desplomarse en el suelo. Entonces sucedió. Alguien la agarró del cuello por detrás, obligándola a soltar el arma. A lo lejos escuchó los gritos de Jeff.

–¡Rápido, es ella! ¡La hemos encontrado!

–Maldito bastardo, tenía que haberlo matado –murmuró entre dientes, aún inmovilizada.

No entendía nada. ¿Por qué les había traicionado? Apenas sí podía ver el ejército de androides que caminaba detrás de él. Un dron se adelantó en el cielo y, disfrazado de ángel exterminador, reventó la cabeza del metahumano que la retenía.

Jeff se abrió paso para llegar hasta ella.

–Los robots están de nuestra parte, Kiara. Van a ayudarnos.

Y antes de que la sonrisa de la victoria se terminara de dibujar en sus labios, el mismo dron volvió a disparar, esta vez con los dos últimos humanos como objetivo.

FIN

Golpes: Semana #23

Comentarios (4)

  • Sol . 13 junio, 2017 . Responder

    Gracias por tu relato. No soy muy de ciencia ficción y me ha mantenido pendiente en todas las entregas. Algunas frases y comparaciones muy acertadas y redondas. No siempre los finales son perfectos y felices, pero muy sutil.

    • (Autor) fisherwoman . 15 junio, 2017 . Responder

      Gracias Sol! Por leer y comentar durante toda la historia, era mi primera aproximación a la ciencia ficción y la verdad es que ha sido un proceso difícil, quizá por la falta de costumbre

  • Javier Oliva . 23 junio, 2017 . Responder

    Una historia chula, sí, señora. ¡Enhorabuena! Y muchas gracias

    • (Autor) fisherwoman . 24 junio, 2017 . Responder

      Gracias a ti, por seguirla!

 

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