Lola está tratando que Santi se emborrache un día con ella y después de varios tragos decidan alguna travesura inocente, que los muestre habilidosos y que haga que Santi se perciba de una vez, objeto de deseo de Lola.

Luego por juego, por osadía, sus labios se juntarán y será el principio de la aventura, aún sin saber su duración, aventura al fin.

Cuando las ganas no puedan saciarse ya con besos húmedos, empezarán sus manos a buscarse y reconocerse, disfrutando del recorrido por las extremidades al principio, brazos, hombros, y espaldas que en el horario de trabajo se cubren, no se tocan, se respetan para mantener el deseo en su lugar.

Las caricias intensas, las manos exploradoras, también se volverán insuficientes para aplacar sus ganas. Buscarán un sitio más cómodo y privado, quizás la habitación de Lola que Santi vio a través de fotos, donde puedan acceder a la piel que los cubre de sus órganos, de su sangre, de sus instintos. Y empezarán de cero los besos húmedos, las caricias intensas, la penetración profunda. Y aún así, el deseo no se agota. Porque las ganas siguen siendo muchas.

Golpes: Semana #35
Tags: #ficción

Comentarios (1)

  • Sol . 7 septiembre, 2017 . Responder

    Bendito deseo. Y que no acabe. Gracias.

 

Todos los textos son propiedad de sus respectivos autores - Contacto: los52golpes@gmail.com