Hace años me dice todo en la cara.

Se sincera y sus palabras son cachetadas de realidad, que a veces no quiero escuchar, pero se las exijo.

Se las exijo con mi indiferencia, con mis mensajes, con nuestros encuentros, los bailes y coreografías sin sentido. Me acerco pero lo limito. Y  el límite se hace cuerpo y llega a verbalizarse:

-Te desubicaste

-No puedo evitar lo que siento

-Sí, pero mi cuerpo, es mío, yo te digo que sí o que no. No te extralimites.

Las horas pasan, seguimos escuchando música, comemos de a ratos mientras bebemos vino y agua. Cada media hora él se arma su tabaco.

-Yo te amo

Y yo callo.

Golpes: Semana #33
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