Después de un rato de escuchar cómo tocaba la guitarra, era mi turno.

Ensayaba apoyar los dedos en las cuerdas correctas, el rasgueo frenó cuando se levantó a buscar su tabaco.

Lo miré, se acercó un poco más y nuestros labios se unieron por un tiempo.

Cuando se alejó, todo había cambiado, menos los dedos que seguían tensos presionando las cuerdas sobre Mi.

 

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