XXVII. SEGUNDO D脥A DE NOVIEMBRE (PARTE 5)

28 julio, 2017.0 Comentarios.#ficci贸n #relato

Cualquier otro d铆a, el Centro era un lugar tranquilo. El silencio salpicado de pasos predominaba. De vez en cuando alguna conversaci贸n a media voz en un pasillo o un tel茅fono sonando durante unos segundos. Las paredes eran blancas, con una p谩tina p谩lida y algo sucia de tiempo. El suelo liso permit铆a arrastrar los pies perezosos al andar.

Los pasillos de las celdas eran un poco m谩s oscuros y all铆 s铆 que hab铆a alg煤n ruido menos convencional pero, envueltos en la cotidianidad, esta luz y estos sonidos ven铆an a significar orden e incluso calma.

Ahora el Centro era un lugar extra帽o.

No es que fuera una tormenta de caos, pero se hab铆a establecido una especie de patr贸n por el cual cada pocos minutos se o铆a o bien un grito desesperado de terror o bien un alarido de sufrimiento. El resto del tiempo hab铆a una banda sonora de crujidos, arrastres y proyecciones guturales de predicci贸n totalmente imposible. Yemina Marwari sent铆a que la atm贸sfera sonora le daba tirones traviesos en la ropa, mientras recorr铆a el pasillo tratando de decidir en qu茅 celda encerrarse.

Lucas Moreno miraba a trav茅s de la ventanilla de la puerta del pasillo, cerrada. En la sala contigua, las paredes p谩lidas y el suelo liso perd铆an terreno por momentos frente a los bultos, los pegotes y las salpicaduras ocres. Escuch贸 una carrera silenciosa antes de ver a uno de los vigilantes corriendo hacia la puerta. Sus ojos hicieron contacto. Lucas aument贸 la tensi贸n de su antebrazo. Un hombre-lobo surgi贸 doblando una esquina a toda velocidad. Golpe sordo. Gemido. Lucas se agach贸 para no ser visto, apoyado contra la puerta.

Mir贸 a Yemina y se llev贸 el 铆ndice a los labios. Ella se encorv贸, agarr谩ndose al marco de la puerta que estaba sondeando en ese momento.

– Nos has matado 鈥揹ijo en un gemido.

Lucas termin贸 de deslizarse hasta acabar sentado en el suelo.

– Creo que lo mejor que podemos hacer es escondernos hasta que pase.

Salir afuera no era una idea valorable. Durante los primeros minutos de asimilaci贸n, todos los empleados del centro hab铆an corrido hacia las ventanas. Pero pronto qued贸 claro que lo que hab铆a en el exterior no era una salida. El edificio estaba asediado por un ej茅rcito que, como dirigido por un estratega, apretaba con paciencia, poco a poco, pero con garra firme. Del edificio entraban y sal铆an criaturas, indistintamente, como de una colmena. Actuaban en un flujo c铆clico como sabiendo que la purga terminar铆a sistem谩ticamente en no demasiado tiempo.

Unos pies r谩pidos golpetearon sobre sus cabezas. Yemina se decidi贸. Mir贸 a su director, sentado contra la puerta, con dureza, dej谩ndole claro que le costaba comprender. Mir贸 despu茅s el cub铆culo delante de ella. Entr贸. Cerr贸 la puerta.

– Echa el cerrojo, por favor 鈥揼rit贸 tan bajo como pudo, desde dentro.

Lucas se levant贸, mir贸 otra vez por la ventanilla y camin贸 despacio hasta la celda. Cuando lleg贸, agarr贸 el pasador del cerrojo y habl贸.

– Lo siento. Esto鈥 Esto no es m谩s que lo mismo. As铆 ha sido siempre en Antaviel. A nuestra suerte.

Yemina no contest贸, aunque Lucas pudo ver a trav茅s del cristal cuadrado c贸mo se le abr铆an los ojos un poco.

– Si te cierro y pasa algo鈥 Podemos quedarnos aqu铆 en el pasillo y鈥

– Echa el cerrojo 鈥揷ort贸 ella.

Lucas ech贸 la mirada al suelo. Yemina lo penetraba con la suya. Escuch贸 c贸mo chirriaba el pasador al ser girado para levantar el tope. Y entonces Lucas desapareci贸.

Necesit贸 un instante p谩nico para comprender que algunos de los gru帽idos que ven铆an del pasillo eran de Lucas. Se escuch贸 un golpe fuerte. Yemina reaccion贸. Justo cuando iba a abrir la puerta que no hab铆a terminado de ser cerrada, una mano ensangrentada se peg贸 contra el cristal. Escuch贸 el cerrojo, esta vez chirriando hasta el final. Escuch贸 girar la cerradura. La mano baj贸 y pudo ver la cara de Lucas durante un instante. Despu茅s una forma gris lo sac贸 violentamente del cuadro.

 

CONTINUAR脕鈥

Golpes: Semana #28

 

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