Eva está temblando, con las manos ardiendo, al pie de la Cuesta de Caracol. Tiene los hombros empapados de sangre. Se lleva los dedos a la cara y nota pegotes viscosos en la mejilla. Mira hacia atrás pero no ve nada. Aun así, es consciente de que no está segura. Con un impulso súbito reanuda el camino hacia casa. Mientras, su cerebro le envía flashes desordenados.

 

12:50. «No nos queda. Estamos esperando a ver si mañana nos llega algo».

13:11. La avenida está más vacía que de costumbre. Así ha sido desde lo que ocurrió el otro día, allí y en la Plaza del 13.

13:22. En esta farmacia lo mismo: no queda ibuprofeno ni algodón tampoco. Mucho menos esas pastillas.

12:35. Hacía tiempo que no salía a la calle. Y lo nota. Siente su piel muy fina al aire y la luz.

12:41. Cuando se cruza con algún vecino, agacha la cabeza y empuja las ruedas con más fuerza. Por suerte, no hay mucha gente por la calle.

12:52. Al final el farmacéutico se ha exasperado. Se ha puesto nervioso. Eva decide que probará en la farmacia de la Avenida de la Bajada.

12:25. «Hija, estoy bien. Sabes que me da de vez en cuando. Me voy a tumbar un rato mientras tu padre termina de preparar la comida y se me pasará.»

13:45. Oye gritos detrás. Gira la silla para ver, con el corazón cerrado como una nuez.

12:32. Se frena delante del ascensor y pulsa el botón.

13:46:22. Le pasan corriendo a los lados. Alguno se queda mirando y duda cuando pasa a su lado. Un hombre niega con la cabeza, incluso. Eva está esperando a verlo aparecer.

12:30. «No salgas, ¿eh? Quédate en casa, que no está la cosa para salir, por favor, hija». Su madre se lleva una mano a la frente y es evidente que le cuesta trabajo hablar.

13:46:35. De detrás de uno de los coches aparcados sale una mole cuadrada. Sus pasos son brutales. Se oyen secos sobre el asfalto, como si lo golpeasen con una gigantesca toalla mojada. Va dando puñetazos aleatorios a los coches, abollándolos.

13:15. La entrada al metro está atravesada por una cinta amarilla. Servicio suspendido.

13:47. Eva no reacciona. Ve aproximarse la mole desde el otro extremo de la calle. Se rinde.

12:48. Desde fuera, Eva ve que la farmacia está vacía. Tiene que levantar un poco las ruedas delanteras sobre el pequeño escalón de la entrada. Suerte que las puertas son automáticas.

13:48:17. El golem atrapa en su puño, de una brutal pasada en arco, a la mujer. En sus ojos, Eva ve cómo lo va entendiendo todo.

13:40. Ya está cerca de casa. Está enfadada. Prefiere estar así antes que pensar en lo que implica lo que ha ocurrido hoy.

13:48:13. Una joven sale del portal, justo a su derecha. La mirada de Eva la dice: «Detente».

13:48:25. Eva reacciona. Se gira. Pasa de largo su calle y se dirige a la cuesta de caracol. Oye golpes a su espalda, cada vez más cerca. Deja caer, lentamente, el peso de la silla sobre el inicio de la pendiente.

12:27. «Mamá. Bajo y compro las pastillas en un momento. Está aquí al lado. Y algún día tendré que salir otra vez».

 

CONTINUARÁ…

Golpes: Semana #19

 

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