En mi trabajo tenemos hilo musical, pero no aquel entrañable soniquete que emitían los altavoces de los hoteles antaño cuando pulsabas ese botón junto a la cama que nadie realmente pulsaba jamás (bueno, yo lo hacía hasta que aquellos botones dejaron de funcionar y fueron desapareciendo de las paredes hoteleras). No, en mi trabajo suena una lista de reproducción de música pop. Algo tremendo lo mires por donde lo mires.

Y al menos hace 10 años que suenan las mismas canciones. Todos los días las mismas tonadas. Varias veces cada una.

Prácticamente nadie hace caso a tan repetitiva banda sonora, pero servidor, aparte de escritor principiante, es músico aficionado y melómano casi compulsivo, por lo que con frecuencia mi oído se centra brevemente en lo que se escucha.

Me impresiona escuchar a la esforzada cantante de R&B de medio pelo lanzar sus no muy afortunados gorgoritos una y otra vez. Y me divierte pensar que probablemente yo haya escuchado más veces que ella misma su muy patatera canción post “Operación Triunfo”.

Me enerva un poco padecer el muy ridículo “himno” del mundial de futbol del año de la Polka perpetrado por la novia de aquel; que si ya era tontorrona la canción cuando la acompañaba el bailecito, ahora desespera y destruye cualquier atisbo de buen gusto.

No puedo obviar lo curioso que me resulta haber oído cientos, quizá miles de veces, al pseudo-cantautor de turno repitiendo su supuestamente ingenioso juego de palabras. Hace años que dejó de tener sentido. También hace años que tanto él como la cantante de R&B están dedicándose a otras labores muy alejadas de la música.

Sin embargo nosotros, aunque sea de forma involuntaria y sin apenas hacerles caso, homenajeamos a diario su ya olvidado esfuerzo. Siempre acompañados por música inicialmente bien intencionada, que acaba tornando en música absurda, la más insistente de todas las músicas.

Golpes: Semana #40

Comentarios (6)

  • Pablo Amor . 3 octubre, 2017 . Responder

    ¡Apágalo por Dios!

  • Zamoranita . 4 octubre, 2017 . Responder

    Y si la cambiais? Igual hasta rendís mas

    • (Autor) David Requena . 4 octubre, 2017 . Responder

      No depende de mí, alguna especialmente insoportable pude eliminar, pero no es fácil. Lo bueno es que me ha inspirado este “Golpe” tan tontorrón.

  • dildo de congost . 5 octubre, 2017 . Responder

    Es una de las más molestas características del mundo moderno: la ausencia silencio. Y, sobre todo, la omnipresencia de música absurda (mayormente pop) en la práctica totalidad de los establecimientos comerciales, centros laborales, restaurantes, supermercados y demás. Acabarán poniendo hilo musical hasta en las bibliotecas. En la urbe moderna, que teme al silencio como a la muerte, cuesta encontrar un local donde leer o pensar tranquilamente, como hacían nuestros ancestros: hoy, Unamuno, Valle-Inclán, Cela o Jardiel no encontrarían cafés sin música en los que escribir en paz, sin sufrir ataques constantes de tonadillas que trepanan los cerebros para luego pegotearse en las neuronas. En la urbe moderna, el silencio es el mayor de los lujos.

    • (Autor) David Requena . 5 octubre, 2017 . Responder

      No veas. Le da cien mil vueltas tu comentario a mi texto al texto en sí.

      Toda la razón Maese Dildo.

      Sin embargo creo que no expresé bien la idea al centrarme en canciones malas. Hasta las grandes canciones se tornan música absurda si se repiten de forma continua. Si para colmo son canciones chorras, la cosa alcanza niveles de tortura.

  • Sol . 17 octubre, 2017 . Responder

    Un martillo, unos alicates de corte, asegúrate que no mire nadie… que parezca un accidente.

 

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