No tienen nombre, al menos nada parecido a lo que nosotros entendemos por nombre. Son muchos, pero a nosotros nos interesa el nuestro, aquel al que fuimos asignados y al que, por darle un nombre, llamaremos Regulador.

Regulador tiene una misión que heredó de sus predecesores. Los suyos llevan realizándola tanto tiempo que desde nuestro punto de vista podríamos decir que su labor es eterna. Se vale de un sistema de algo que podríamos llamar sensores o cámaras, similares a los enviados especiales de las cadenas de televisión. Los antecesores de Regulador dejaron un centenar de enviados en La Tierra en su última visita a nuestro Sistema Solar. En ella comprobaron que forzar la formación de un satélite alrededor de nuestro planeta con un impacto brutal que partió el mismo en dos, era un sistema magnífico para proteger al cuerpo principal resultante  de los abundantes meteoritos y para ralentizar su órbita, evitando así un clima extremo, que hubiera impedido el desarrollo de la vida que surgió posteriormente. Quedaron satisfechos además con la posición que definitivamente iba ocupando el inmenso planeta gaseoso al que nosotros llamamos Júpiter, tras viajar desde los extremos más alejados de la estrella del joven sistema hasta una órbita intermedia. Para frenarlo en su caída hacia el Sol “animaron” una persecución del mismo por parte de otros gigantes (Saturno, Urano, Neptuno) que fueron tirando de él hasta centrarlo en una posición perfecta para limpiar de peligrosos asteroides las órbitas de aquellos planetas en los que habían puesto más esperanzas de obtener resultados vitales positivos.

Los enviados que dejaron no son seres vivos, al menos no lo que nosotros entendemos como tales (siento repetir esta fórmula de explicarme, pero no conozco otra más precisa a pesar de su imprecisión), pues no son seres autónomos, no tienen forma física sólida y carecen de capacidad reproductora. Pero son prácticamente eternos y enormemente prácticos. Desde entonces les transmiten la evolución de nuestro pequeño barrio cósmico. Así los Reguladores fueron testigos del fracaso de aquellos cuerpos celestes a los que llamamos Venus y Marte en lo referente a albergar seres autónomos con capacidad reproductora, uno por convertirse en un infierno ardiente, por un pequeño exceso de algunos gases en su atmósfera, otro por ser un desierto estéril por un motivo casi opuesto. Así vieron como esa estrella de segunda generación, nuestro Sol, que provenía de los restos de una estrella difunta en torno a la cual, mucho antes, habían girado planetas con civilizaciones mucho más avanzadas de lo que los humanos podemos siquiera soñar, era capaz de calentar a otro planeta con vida. Era una noticia interesante, dado que en esa galaxia espiral (ahora incluida en el sector del que se ocupa nuestro protagonista Regulador) no eran muchos los planetas con vida, y aún menos aquellos con civilizaciones autoconscientes, el primer grado realmente interesante de vida. Apenas un millar era una estadística algo pobre para una galaxia con cuatrocientos mil millones de estrellas y varios billones de planetas.

Podríamos pensar que los Reguladores solo vigilan y no intervienen en nuestro día a día, pero no es así. Quizá preferiríamos vivir nuestras insignificantes e instantáneas vidas gobernados por el azar, pero Regulador (el nuestro), tiene mucho trabajo, y también una considerable capacidad de llevarlo a cabo. Con su red de enviados comprueba cada evento que se produce en La Tierra, por minúsculo que nos parezca. Es seguro que está registrando el hecho de que leas este texto, como registró el hecho de que yo lo redactase.

A pesar de que Regulador y muchos de sus compañeros viven físicamente en un punto del Universo separado de nosotros por varios cientos de millones de años luz, reciben toda esa descomunal cantidad de información de manera instantánea. Ese fue uno de los grandes avances de su especie: para ellos las señales lumínicas o de radio son inútiles, pues la luz es extremadamente lenta en su desplazamiento por el Universo, así que desarrollaron una tecnología que capta algo así como desplazamientos de onda. Su funcionamiento es asombrosamente sencillo, pues si yo muevo un dedo para teclear todo el espacio-tiempo se desplaza en el volumen que yo he desplazado con tal movimiento y ese desplazamiento es instantáneo, pues toda la materia se mueve empujada en las direcciones que yo la he desplazado. Sería algo así como si yo tengo un palo muy largo y lo muevo dando golpecitos para transmitir una señal. Mi receptor, el que recibe el golpecito, lo capta instantáneamente. Si el palo tiene varios cientos de millones de años luz de largo (o directamente es infinito), la recepción de mi señal en cualquier punto del espacio-tiempo del Universo sería inmediata. De esta forma, cada Regulador chequea cada acto que se produce en su sector del Universo en tiempo real, signifique eso lo que signifique a estas alturas de historia.

Regulador tiene superiores. Cada cierto tiempo tiene una reunión con ellos y con sus compañeros y recibe ciertas instrucciones. Algunos de sus superiores viajan a diferentes puntos del Cosmos y realizan acciones para obtener determinados resultados, como los ya descritos en nuestro Sistema Solar. Las reuniones a veces son duras y de ellas salen decisiones difíciles que suponen mucho trabajo para nuestro Regulador. Poco después de incorporarse a su puesto por primera vez, Regulador tuvo que “comerse” todo un marrón, ya que le dieron instrucciones de no evitar el impacto de un asteroide sobre la Tierra, con objeto de provocar una extinción casi total sobre la misma. La decisión estaba bien fundamentada. Regulador recibió nada menos que cincuenta y cinco millones de razones basadas en cerca de treinta trillones de variables estudiadas. Aún así fue un marrón y lo peor es que Regulador ha recibido una convocatoria para otra reunión en la que piden una serie de informes sospechosamente parecidos a los de aquella vez, hace 65 millones de años terrestres. “Qué pereza”, piensa Regulador, “como toque otra extinción masiva me cojo vacaciones y le dejo el marrón a otro”.

 

Golpes: Semana #15
Tags: #ficción

Comentarios (2)

  • Pablo Amor . 18 abril, 2017 . Responder

    ¡Hola reguladores! Estoy dejando un comentario. Pero nunca sabréis lo que estoy pensando…

  • (Autor) David Requena . 19 abril, 2017 . Responder

    ¿Tú crees que no…?

 

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