Ayer me bebí de un sorbo toda el agua del mar y ahora navego a la deriva en mi océano interior. También cambié el color del cielo por qué era demasiado oscuro y necesito poder ver mas allá de las estrellas.
Ayer soñé que las montañas eran peces voladores y que sobre ellas crecían árboles con forma de helado.
Ayer grite muy fuerte y fue entonces cuando mi pie derecho volvió a marcar la dirección de mi destino.

Golpes: Semana #31

 

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