Vivimos tiempos inciertos, en los que la vida exige cierta rapidez y escasa o nula vinculación. Tiempos en los que mirar hacia los ojos de quien tenemos al lado no es más que una especie de molestia inoportuna que hemos de sobrellevar como peso y no como oportunidad de conocernos y conocerse. Vivimos, con tal sed y hambre de continuidad que se nos olvida que la muerte es el principio y origen y que de poco o nada sirve caminar a zancadas por una vida cuyo ritmo permanece intacto desde el principio de los tiempos. Vivimos, pese a todo, anclados en la pauta o norma que alguien marca pero que nosotros y nosotras no decidimos ni pensamos siquiera. Nos hemos convertido en simples consumidores de vida, en objetos comerciales que poco o nada tienen que ver con quien albergaba sueño alguno o intimidad o amor o cercanía hacia otras almas y más tarde el cuerpo comienza a mostrar con cierta brusquedad todo ese desconcierto que vivimos y aplicamos con lógica dictatorial.

Golpes: Semana #23
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Comentarios (2)

  • Zamoranita . 7 junio, 2017 . Responder

    Cierto y no solo el cuerpo físico.

  • Néstor Villazón . 7 junio, 2017 . Responder

    “Simples consumidores de vida”. Me encanta.

 

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