Estoy en el coche, esperando. La lluvia cae sobre los cristales, formando regueros de agua que empañan mi visión. Un momento, son mis ojos los que llueven y emborronan lo que ven. Por instantes se produce una combinación de ambos, lluvia sobre los cristales y lluvia sobre mis ojos. Doble lluvia que distorsiona doblemente mi visión, ya nada es lo que parece. Y me gustaría vivir en un mundo donde nada es lo que parece.

Un mundo en el que pareciese que estoy llorando, pero en realidad estoy plena de felicidad. Un mundo en el que pareciese que está lloviendo, pero al salir a la calle, no solo no te mojes, sino que luzca un sol espléndido.

Un mundo en el que aunque parezca que me has destrozado el alma, en realidad me hayas hecho el mayor regalo que me hubieses podido hacer. Un mundo en el que aunque parezca que te estés riendo de mí, en realidad me estés rindiendo el mayor de los respetos.

Pero lo cierto es que no vivimos en ese mundo. Y en el mundo en el que vivimos, llueve en la calle y llueve en mis ojos, porque has destrozado mi alma, porque te has reído de mí, porque me has perdido el poco respeto que aún me tenías.

Y en el mundo en el que vivimos, seguimos siendo víctimas de vuestro maltrato, de vuestro odio y de vuestra indiferencia. Porque vivimos en un mundo de desigualdad, por mucho que nos intenten vender lo contrario. 

Y mientras vivamos en este mundo, en el que el maltrato se castiga con indiferencia, en el que el acoso se castiga con ausencia de castigo, yo seguiré llorando, con mi realidad empañada, no solo por el cristal.

Golpes: Semana #8

 

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