Tumbados sobre la toalla, mirando hacia el cielo, sentimos cómo el relax se va apoderando de nuestros cuerpos, golpeados por el hastío y el cansancio de otra larga semana a nuestras espaldas. Entre los dos se ha instalado un cómodo silencio que ninguno se ve capaz de romper. Por primera vez en esta dura semana, somos capaces de sentir paz.

Es sábado a primera hora. Acaban de abrir la piscina y, otro sábado más, somos los primeros en llegar. Cuando todavía los niños duermen, cuando no hay ni rastro de algarabía a nuestro alrededor. Solo se escucha el trinar de algún que otro pajarito que se ha colado entre los árboles o pasa volando raudo sobre nuestras cabezas.

Esta semana han cortado el césped. Se nota porque se puede apreciar el frescor de la verde hierba a nuestro alrededor, mojando nuestras toallas. El olor se me antoja exquisito. La hierba, recién cortada, húmeda, fresca, un olor apenas comparable al entrañable aroma a tierra mojada cuando algún chaparrón veraniego se ha dignado a caer sobre nuestra ciudad.

Con extrema delicadeza, paso un brazo alrededor de tu cuerpo, sin querer romper el mágico momento, sin dejar de mirar el maravilloso cielo que se expande ante nosotros. Solo por si acaso te has olvidado de que estoy a tu lado, aunque sepa de sobra que algo así nunca podría ocurrir. Me respondes al instante, conociendo de sobra mi inquietud, después de tantos años juntos. Con un ligero movimiento de tu cuerpo, me envuelves por completo en un reconfortante abrazo. Me haces estremecer. Ahora sí, me encuentro totalmente laxa y relajada.

Cierro los ojos para disfrutar al máximo del momento, los sonidos se amplifican, los aromas se vuelven aún más intensos, tu corazón palpita junto a mi oído, componiendo la más hermosa melodía que jamás he logrado escuchar. El relativo silencio que nos envuelve es roto de pronto por tu voz:

—¿Ves esa nube de ahí arriba? —me preguntas en apenas un susurro—. ¿Ves que está dibujando para nosotros un corazón?

Asiento sin poder articular palabra. Sobre nosotros, una de las escasas nubes que surcan el azul del cielo, encierra con claridad un corazón dentro de su textura de algodón.

—Ese es mi regalo para ti hoy.

 

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