Se agolpan las palabras en mi mente, cual fieras inquietas pugnando por salir a un mundo que todavía las desconoce. Se sienten enjauladas, como yo misma, sin encontrar la mejor manera de expresarse. Fieras asustadas por su destino y a la par salvajes, como yo, capaces de luchar por conseguir aquello que desean.

Y ahora mismo lo que desean es salir al exterior, salir de manera ordenada formando una historia. Una historia que nunca antes se haya contado, que nunca antes nadie en el mundo haya escuchado, leído y ni siquiera imaginado. Al igual que yo, necesitada de escribir mi propia historia, la que refleje mi esencia, la que libere mi ego protector y muestre al mundo mi verdadera esencia, tan sencilla, tan natural.

Pero no tardamos mucho en encontrarnos con dificultades. Y es que mis palabras, fieras indomables con ansias de convertirse en protagonistas de su propia historia, original y auténtica, se enredan entre ellas. Tropiezan y caen, intentan levantarse y se vuelven a caer. Se vuelven torpes, atropelladas, se impiden salir las unas a las otras. Cada una se cree más especial que la anterior, más digna de salir al exterior, sin darse cuenta de que todas ellas tienen la misma importancia. Si faltase una sola de ellas, sería imposible formar la historia que quieren crear, la suya propia, la original, la auténtica.

De igual manera yo, tropiezo y tropiezo cada día, a cada hora, a cada instante. Tropiezo, me caigo y me vuelvo a levantar, para construir mi propia historia. Esa que refleje la esencia de mi verdadero yo.

Mientras, el folio sigue en blanco, sin historia, con miles de palabras bullendo en la mente, pero sin historia. Tranquilizaos, chicas, que todas tendréis cabida, de manera ordenada, sin preferencias. Todas tenéis que conformar mi vida.

Golpes: Semana #16

 

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