Se nos mueren los viejos.

Envueltas en óxido sus voces de hojalata, nos dicen

no llegaré a la siembra del frío.

 

En sus miradas, maceradas en gélida escarcha

se difuminan las sombras.

Derrotando la visión con espejismo.

Ya puedo morir tranquilo.

Y se van. Y regresan a la tierra.

 

Con nuestro llanto

renacen lágrimas lloradas por ellos un día,

ante la lápida de mármol de sus viejos.

 

Como herencia: el legado de la muerte.

 

Golpes: Semana #11
Tags: #poesía

Comentarios (1)

  • Sol . 17 marzo, 2017 . Responder

    El ciclo. Cuesta creer que habrá un día que todo estará hecho para decir ‘ya puedo morir tranquilo’

 

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