Semana
02
Xavier H.

Cuento de ultratumba

Género
Relato
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Este viejo cementerio del pueblo parece haber quedado en el olvido. 

Verle desolado es recordar aquel escenario del también viejo teatro desaparecido bajo las brutales llamas de un feroz incendio.

Cada noche suelo ser testigo de una macabra escena, tan peculiar por ser de amor y no de horror, más que causarme terror, es pena por lo que soy testigo.

No todos los muertos asustan y menos los románticos de pasadas épocas.

Sobre las madrugadas comienza aquel penar de dos almas en busca de su descanso eterno; La misma naturaleza juega un papel como tramoyista, dando un toque especial a la escena, imagino aquella ópera donde mi papel era protagónico.

 

Un calador frío acompañado de una densa niebla que desciende como manto sobre las copas de los árboles; rayos de luna se filtran por la misma dando

el toque perfecto de luz que una escena teatral requiere.


Acto seguido, una lápida de cantera se desliza sobre la vieja y mohosa tumba abandonada; surgiendo el primer actor al escenario ascendiendo por las escaleras, hasta salir de allí.

Un amor no consumado tenía a este personaje en eterno penar sin descanso.

Haraposo, con su desgarradas ropas en tiras que cubrían aquel esquelético cuerpo; un traje de capitán marino para ser exacto.

No se hacía acompañar con aquel típico loro posado sobre su hombro, una fea y gran tarántula ursupaba la actividad del desaparecido loro.

Además con esa pena quién tendría ganas de hablar con  el ave.

Su silueta iluminada por la luna recorría el pasillo principal hasta otra tumba donde solía sentarse y esperar.


No todas la brujas vuelan en escoba bajo la luna y riendo a carcajadas. No esta en especial. 

Hacia su aparición en medio de la niebla por entre los rayos penetrantes, Volaba de un lado a otro, deambulaba sobre el cementerio en una forma de luz, como si un astro bajara del cielo sobrevolando el lugar.

No lo se, siempre ha sido mi duda desde que les miro; ¿se reconocerán?

Ella solo vuela y el se limita a verla sentado y de hombros caídos, solo contempla el espesctaculo en medio de la nada.

También yo contemplo la escena como cada madrugada y mis recuerdos divagan sobre el viejo teatro.

Pero dejenme les cuento el contexto de la escena, todo apunta a una trágica historia, como de novela tiempo atrás.


Una bella mujer enamorada de un joven capitán marino, siempre leal le esperaba en cada arribo en sus regresos de alta mar.

Él le profesaba un gran amor también, y todo marchaba envuelto en felicidad.

Hasta que llegó el día trágico donde el partió una vez más al océano, pero ya estaba predestinado el fin.

Aquella despedida tuvo un sabor raro, como un hasta nunca, auguraba malos tiempos y dos almas en eterna pena.

La joven aprendió y descubrió que con ciertas pócimas caseras se podía controlar ciertos malestares en las personas. Así que su fama no se hizo esperar.

La noche en que el capitán volvía para su reencuentro, la dama fue acusada de herejía, de hechicera y como todas las brujas debía morir.

Durante su muerte en la hoguera nunca dejo de pensar en él jurando amor eterno.


En alta mar y a su regreso el joven era preso de un presentimiento que inquieto le tenía; apresuraba su arribo a puerto, pero este no se dió.

El destino no le permitió llegar. Un barco enemigo ataco su galeón para robarle y en lucha campal entre tripulaciones el galeon sucumbio, hasta hundirse al fondo de aquellas aguas, y su capitán se fue al fondo junto con él. 

Así sucedieron los hechos en aquella trágica noche, ninguno se entero que ambos partian al mismo tiempo.

Por unos minutos más aquella luz sobrevolo por el cementerio  hasta que se fue desapareciendo en medio de la neblina espesa. El cadadver se levantó de la tumba y acariciando su mascota lento y cabisbajo se dirigio a su tumba, el lugar de su eterno descanso, el mismo que no llegó para ninguno de los dos desde aquella despedida.

Cae la madrugada, la niebla de discipa, como si el mismo telón bajara como final de la función.

Y esa es la escena que madrugada a madrugada miro desde mi rincón, no todos los muertos asustan, ni todas las brújas vuelan en escoba bajo la luna.

 ¿Quién soy yo?

No tiene importancia, me converti en guardian y cuidador del cementerio. En mi tiempo fuí actor; mi pasión por la actuación y escritor de obras, mismas que se presentaron con gala en aquel viejo teatro que consumido por el fuego sucumbió sin que pudiera salir a tiempo del lugar.

También muerto soy, pero esa es otra historia.

 

                                                Xavier H.©

 

Publicado la semana 2. 14/01/2018
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