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01
susialina

Otro día interminable

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Hace frío. No quiero levantarme. No quiero ir. Ojalá que pudiera dormirme hasta que esta mierda haya pasado. Oigo a mi madre preparando el desayuno, así que mi padre ya se debe haber marchado. Si lo supieran…

No puedo quitarme de la cabeza la voz de Marcos, que chirría como una verja oxidada: ahí viene la jirafa, ¿ya has comido hojas hoy? ¡Asquerosa!

Ojalá que se muriera esta mañana, que lo atropellara un autobús. Que sus padres se fueran de la ciudad y él con ellos. Y todo el grupito también. No sé porque me tiene que estar pasando esto. Ojalá me muriera yo. Pero no, que mis padres no podrían soportarlo. Pobres, qué vida tan dura nos ha tocado. Imagínate si les cuento lo que se dedican a hacerme todos los días estos subnormales. Ojalá que me cayera un rayo encima y me transformara en una súper heroína, y pudiera ir más rápida que la luz. ¡A ver cómo me atrapaban entonces! Hijos de la grandísima. O el poder de congelar. Entonces los dejaría convertidos en estatuas de hielo, a ver qué se atrevían a decir. ¿Por qué dicen cosas que hacen tanto daño? Qué culpa tengo yo de ser alta y delgada. Qué culpa tengo yo de ser inteligente y entender bien todo lo que nos enseñan. La próxima vez que el de mates me pregunte, me haré la tonta y contestaré mal. O no, porque entonces María José se reirá con esa risa horrible que tiene y los demás la seguirán y será otra vez un circo. Y el profesor también se reirá. No, no. Si me pregunta y lo sé, le contesto. Total. Me caen igual los codazos y las patadas. Qué difícil es para mí pasar inadvertida, y lo que me gustaría. Mi metro setenta y siete me delata. Me encantaría ser bajita y gordita. Pero no, qué va. Entonces me llamarían tapón y vaca-burra como a Alicia. Tres años. Tres años me quedan todavía en esta mierda de colegio. Condenada. Atrapada y condenada. Me pregunto: ¿en la universidad también será así? De mayores siguen tan malvados, o ¿cambiarán? No me veo cuatro años más con la etiqueta de jirafa y de asquerosa. Una cosa sí que sé: que soy resistente. Que esto un día, se habrá acabado. Que ningún adulto me dirá nunca más pero si es una bromita, no te lo tomes tan a pecho. Perdona ¿bromita? ¿Dejarme encerrada en el cuarto del gimnasio es una bromita? Gritando auxilio con todas mis fuerzas y escuchar las risas al otro lado de la puerta. Y ni un profesor ponerse de mi lado… la mujer de la limpieza fue la que me abrió al final. Ya se habían ido todos. No lo hizo por mí, sino que necesitaba entrar al cuarto. Pero sabía que estaba allí porque no se asustó al verme. Hijos de la grandísima. Me fui corriendo al baño, un poco más y me hago pis encima. Lo que faltaba. Sería la jirafa meona. Qué asco, por Dios, qué asco.

- María, hija, ¿no se te está haciendo tarde?

- Sí, mamá, ya voy, ya voy

Publicado la semana 1. 06/01/2018
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