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01
Rubén Chacón Sanchidrián

RELATOCRACIA - La Bienvenida

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Es como si jamás te hubieran abrazado.

Antes de que las piernas dejen de sostenerte, te da tiempo a reparar en que, de hecho, es la primera vez en tu vida que sientes un abrazo. Al menos uno como éste: uno de verdad. Ha de serlo, ¿no? Si no fuera así, ¿qué sentido tendría este desvanecimiento, esta sensación de levedad, de incorporeidad...?

Ya de rodillas continuáis abrazados. No es que seas incapaz de abrir los ojos, es que desearías poder continuar con ellos cerrados por toda la eternidad, aspirando hondo y deleitándote con el dulce aroma que emana de su cuello. Es tal la necesidad de besarlo, de rozarlo apenas con la punta de la lengua, que ni se te pasa por la cabeza la posibilidad de que llegue a molestarle...

Días después, meses después, años después, cuando regreses una y otra vez con la mente a este preciso momento, serás incapaz de determinar (ni siquiera aproximadamente) cuanto tiempo ha durado esta fusión; si es que alguna vez cesó...

Lo que siempre recordarás será aquella enigmática sonrisa sutil y aquellos ojos brillantes, henchidos de candor, de inusitada e insondable pureza. A medida que te zambullías en ellos, se te iban desprendiendo los condicinamientos (si es que alguna vez los tuviste) que te habrían recordado que jamás habías desnudado (y que quizás no convenía) tu alma de aquel modo. 

¿Saben las hojas del árbol que hojas son...? ¿Conocerán las ramas su nombre...? ¿Se sentirán las unas distintas de las otras, partes de un todo, o una misma cosa...? ¿De cuántas aguas diferentes se compone un arroyo...? ¿Es el manantial el que hace al río, o será al contrario...? ¿Tiene cabida la rivalidad entre dos gotas de agua en mitad del océano...? 

De estas reflexiones y otras parecidas se nutría tu mente. Ni siquiera necesitabas preocuparte por la fuente de alimento. Presentías, intuías, que habría de sobra para el resto de tu vida... Aún no lo sabías. Pero estabas experimentando por primera vez la misma sensación que posteriormente posibilitarías estrenar a otros (a los que tú dieras la bienvenida). Eso que a ti te gusta denominar Comunión.

- Te llamas Pan -fue lo primero que te dijo. Y aunque hubieras querido desmentirlo no habrías sido capaz. Pues, si alguna vez tuviste un nombre anteriormente, es algo que tampoco podías recordar. Si en algún momento de tu vida te registe por alguna directriz que te impeliese a no mirar, a no sonreír, a no abrazar, a no acariciar, a no besar, a no respirar..., a no unirte, a no entregarte, a no recibir..., sin medida, es algo que también habías olvidado.

Publicado la semana 1. 03/01/2018
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Moderat , Black Mirror, Reflexiones de Película, La abundancia que crea escasez, El deseo expreso de una amiga, Momentos de frustración y dolor intensos , De noche, En la cama, Con ganas
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