Semana
01
Meri Catania

"Mi" bota de Santa

Género
Relato
Ranking
0 99 0
Anterior Texto

A mi padre...

El examen de Pretecnología es dentro de tres días y yo sé que es lo que quiero hacer. Extiendo el papel de periódico sobre la mesa blanca de la cocina y coloco un plástico de forrar los libros para trabajar como espera mi madre, sin manchar. Saco dos pellas de barro, dan mucho más gusto que las plastilinas: el olor a arcilla, la textura untuosa…Mi padre entra en la cocina:

— ¿Qué vas a hacer?—pregunta.

—La bota de Santa Claus—respondo.

Ya tengo hecha la horma de la bota, mi padre la mira y suspira:

—No se hace así. Sin más agarra el rodillo de madera y una de las pellas y comienza a extenderla en una fina plancha. Luego corta con el cutter la forma de la planta del pie. Es muy diferente a la mía que no duda en coger y destruir recuperando el barro en otra plancha a la que dará forma nuevamente.

Recorta los laterales, el talón, las solapas con agujeros para los cordones, la lengüeta que va debajo, une el barro mojándolo con el pincel, y con el mango del mismo dibuja costuras y relieves…Es un zapato.

—Papá esto es un zapato no la bota de Santa Claus.

Es como ver una ilustración de Ferrandiz en tres dimensiones, podría llevarlo un pastorcillo o un violinista con sombrero, incluso algún payaso con frase de Khalil Gibran.

Me mira y dice orgulloso:

—Es más bonito que la tuya.

—No es MIO, es TUYO y NO ES una bota de Santa Claus.

Sacamos el zapato a la terraza de la cocina para que se seque, luego habrá que barnizarlo, etc.

Entro en la terraza unas cuantas veces para comprobar la operación de secado y todas pienso lo mismo: “¿Y si lo rompo? “

                Al día siguiente el magnífico zapato-botín de ilustración de Ferrandiz aparece cascado. Mi padre me mira y solo digo:

—Tengo dos días. No me va a dar tiempo.

Esa tarde comienzo de nuevo la operación “bota de Santa Claus”. A mi manera. La caña de la bota se cae de todas todas, así que la hago más corta y más gruesa. La modelo con las manos, casi esculpiendo el barro. Mi padre llega de nuevo a la cocina. Hay algo que quiere saber.

—No me voy a enfadar, pero dime la verdad. ¿Rompiste tú el zapato?

No me altero. Le sostengo la mirada y sopeso mi respuesta:

—No te voy a contestar.No me ha gustado tu pregunta— Tardo unos breves segundos en retirar la mirada. Sigo con mi bota de Santa Claus, basta y gruesa. Sólo tengo un día más. Tiene que secar el barro y luego tengo que  pintarla y barnizarla.

Mi padre se marcha de la cocina sin decir ni una palabra y una punzada de dolor me atraviesa el cuerpo. Mientras termino mi magna obra van desfilando mis hermanos y mi madre. Me miran con condescendencia, y comienza el cachondeo; se mofan de mi bota inacabada aún. Solo queda una noche y me da miedo dejarla secar al aire en la terraza. Tampoco la puedo dejar dentro porque con el calor de la calefacción igual se resquebraja el barro.

Finalmente la dejo en la terraza y paso mala noche porque no sé si se secará, si se romperá ella sola o saltará en mil pedazos con la ayuda de mis hermanos. No tengo otra cosa para presentar al examen.

La mañana del Domingo corro a abrir las puertas de la terraza. Allí está la bota intacta. No está seca del todo, pero tiene que ser suficiente. Busco en el armario de las manualidades y encuentro un bote de pintura roja y otro de pintura…¡negra! El barniz sí que está.

Ni lo dudo, fondo negro y remates en rojo. A las seis de la tarde la barnizo y rezo para que seque antes de las ocho de la mañana en que cogeré el bus para ir al colegio.

                Y llega el momento en que nos van llamando a la mesa del profesor. Cuando escucho mi nombre me acerco y presento mi bota navideña, negra, con los bordes en rojo y en el hueco donde iría el pie he metido una guirnalda de espumillón plateado y unas bolas ochenteras que he robado del arbolito.

                Entonces el profesor pregunta:

—¿Qué es esto?

—La bota de Santa Claus

Me mira de la misma forma que mi padre el día anterior, una mirada que yo no alcanzo a entender.

—Pero …¡Es negra!

—¿Y?

—¡La bota de Papa Noel es blanca y roja!

—Es la bota de Santa Claus no de Papá Noel. Papá Noel es americano. Esta es la bota de Santa Claus pero de un Santa Claus español.

Las carcajadas de mis compañeras resuenan en el aula.Supongo que por lo de "español". En el País Vasco de 1986 se atraganta la "ñ" de España y lo español, a lo más tenía que haber dicho "estatal".Pero esto no es un tema de política.¿Nadie lo entiende? No me amilano y sigo:

—¿Por qué tiene que ser blanca y roja? Hay más colores.

El profesor no da crédito. Mira la bota y dice:

—Si al menos hubieras puesto un poquito de verde. Es un poco gruesa y corta.

—Sí, la caña se caía si la hacía más fina—continué—Igual podría haber traído la que hizo mi padre pero esta es la MIA y es negra y roja. ¿Puede usted valorar ESTA bota?

La clase ya no se rie. Admito que no es una bota para un diez, que lo sabía. Analizamos la bota y sus complementos: el espumillón plateado y las bolas de colores. Podría haber elegido otros tonos para las bolas, efectivamente lucirían más del mismo color…Un punto menos. Negociamos. Me pone un siete.

Un notable bajo, al fin y al cabo un notable.

Vuelvo a mi pupitre con toda la dignidad que puedes tener cuando eres la "nueva" desde hace dos años ya y cuando a la tarde regreso a casa me encuentro con mi padre en el pasillo. Me mira otra vez de aquella manera extraña y siento que ya no soy "su princesa de la boca de fresa".

.

Publicado la semana 1. 03/01/2018
Etiquetas
Edith Piaf-Je ne regrette de rien , Sírvase templado si dispone de una sonrisa que no termina de salir
Compartir Facebook Twitter