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06
Lorenzo Ko

Bate que en cráneo impacta

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Santander, España. Apartamento con vistas al mar.    18:37 20/07/2035

P. Ya está grabando, podemos comenzar.

R. No veo en que manera puede serle útil a nadie mi testimonio, pero si insiste... Entonces... ¿hablo sobre cómo afectó a mi trabajo creativo el apocalípsis? No sé muy bien por dónde empezar. Bien, vale. Pues no escribí ni una sola palabra desde que se desató el caos, tampoco dibujé y, desde luego, no compuse música. Alguna vez me vi tentada de saquear algún instrumento cuando pasaba por delante de una tienda de música, pero habría sido un suicidio ponerme a tocar. Con la escritura y la pintura fue distinto, podía haberlo intentado con más ahínco, pero era incapaz de hacer nada; ni siquiera pude manchar un triste folio. 

P. Un momento... ¿música y dibujo?

R. Ya, ya sé que no soy conocida por ello, pero le puedo asegurar que no dedico la mitad de tiempo a escribir del que dedico a estas otras cosas. Yo no soy escritora...  escribí Bate que en cráneo impacta por entretenerme. Me encontraba en en unas conferencias un tanto largas en Estocolmo, enclaustrada en el hotel por el temporal de nieve. No tenía instrumentos y tampoco pinceles, así que me puse a escribir.

Cuando me paran por la calle para pedirme una fotografía o para que les firme un autógrafo, siempre insisten en que saque una segunda parte de aquel libro. Incluso si doy algún concierto, aún hoy, me bajo del escenario y, tras la felicitación de rigor, la pregunta por mi libro nuevo. Empieza a cansarme, si he de ser sincera.

P. ¿Una segunda parte de su libro?

¡Sí! Casi como si fuera mi deber, ¿sabe? ¡Es increíble!

Fue una coincidencia. Que escribiese aquel best seller meses antes del surgir zombie, digo. Pero yo no soy la única que había contado historias de este tipo. Entonces, ¿por qué toda esa gente se empeña en tratar mi novela como algo único en el mundo? Hay decenas de referentes en el género y todos ellos mejores que yo. 

P. ¿Era una lectora habitual del género?

Leía mucho sobre zombies. Antes del apocalipsis, ya me entiende. Durante los años zombie también leí, claro, pero nunca sobre ellos. Leía fantasía, ciencia ficción... Ahora ya no lo hago. Nadie ha escrito sobre zombies desde... bueno, eso, aún es algo demasiado reciente. Al menos yo no he encontrado nada. Es como si hablar de ello fuese darles una excusa para levantarse.

P. Me gustaría retomar algo que ha dicho antes... parece molesta con su fama.

R. ¡Claro que lo estoy! Déjese la vida en vivir de sus pasiones, aprenda durante lustros cómo se hace eso de crear arte con la pintura o con la música, para que todo el mundo valore de usted algo que no fue más que un divertimento. Algo que no tengo ni pajolera idea de hacer. Ni siquiera pensé en publicarlo en principio; todo fue una serie de catastróficas desdichas.

No soy estúpida, sé que yo no le llego a la suela de los zapatos a los mejores escritores preapocalípticos. Y no es modestia, que quede claro, simplemente no doy la talla.

P. Sin embargo, su libro fue como una guía de supervivencia para muchas personas.  Usted misma siguió los pasos de su protagonista y, gracias a ello, sigue viva.

R. Pues claro que seguí los mismos pasos que mi personaje, joder, es que es de cajón. Si ella hacía lo que hacía es porque yo había pensado qué es lo que yo haría en su situación. No podía adelantar muchas cosas que, finalmente, acabaron sucediendo y... es obvio, pero, a grandes rasgos, sí, repetí los pasos de Medea. Estaba en su misma situación e hice lo mismo; como verá: no tiene más vuelta de hoja.

(Se queda en silencio)

Me alegra que gracias a mí, otros lograsen salvarse. Me siento orgullosa.

¿Sabe lo más gracioso? (Ríe) Las lecturas de mi libro se dispararon con el apocalípsis, pero yo no he recibido ni un euro: los saqueos no se anotan como ventas. Soy la escritora más leída del siglo y apenas he conseguido obtener beneficios.

P. (Risas) Retomando el tema: ¿cómo vivió aquellos meses?

R. Buff... yo qué sé. Cada día tenía un estado emocional distinto: me preocupaba mi salud mental. Cuando estalló el pánico todo el mundo se volvió loco. Joder, tendría que haberlo visto. En Valladolid, quiero decir, no sé cómo serían las cosas en otros lugares. Nunca me he preocupado por saberlo. Con lo que vi allí tengo suficiente.

Permanecí en mi casa más de una semana. Apuré todo lo que tenía en la nevera y en los cajones hasta que ya no quedó nada; pasé dos días de hambre y, solo entonces, salí. No quedaba nadie en la ciudad. Al menos, nadie dispuesto a asomar la cabeza por la ventana o a pasear las calles. Era como esas veces en que caminaba de madrugada, pero con el Sol en la cara. Sentí mucha paz.

Yo iba armada con mi raqueta de tenis y un cuchillo de cocina. No tenía nada más  sofisticado a mano, pero siempre he preferido el rudimentario golpe en el cráneo para cargarme a esos cabrones. Creo que puede deducirse por el título de mi libro (risas).

Por suerte, no me encontré con ninguno de esos putos zombies. Salí de la ciudad montada en mi moto de baja cilindrada rumbo al norte. Se me cruzaban en la carretera al escuchar el lejano sonido de mi moto, pero no tenía más que esquivarlos con cuidado.

Tardé unas cinco horas en llegar a la playa, a mi pueblo favorito de la costa cántabra. Santoña.

P. ¿Era ese el lugar más seguro?

R. Yo qué coño sé si ese era el mejor lugar. Pensé que si tenía que morir en algún sitio, ese estaría bien. Parece ser que ir a un pueblo relativamente pequeño, a medio camino entre el mediterráneo y una gran zona montañosa, era una buena idea. Gracias a Dios, porque no pensé mucho en ello. Tampoco me enteré de ninguno de los planes de evacuación, de reclutamiento... Me hacía ilusión eso de montármelo por mi cuenta, de andar realmente aislada un tiempo.

P. ¿No le parece un modo de verlo un tanto frívolo?

R. Mire, que los zombies no podrían con nosotros era evidente. Aunque los humanos sean idiotas, la batalla estaba ganada desde el principio.

Sí, sí, sí, ya le veo venir; las bajas en nuestro bando... descomunales, es inhumano, pero era cuestión de tiempo y de números. Yo misma hice mucho por la victoria en mi región y a mi manera. Mientras hubiese gente como yo, unos cuantos cientos, el ejército podía hacer lo que quisiese. ¿Se ríe? 

Sí, fui una Leyenda. A lo Will Smith, joder. Y gracias a nosotros el mundo podía haber quedado limpio, de no haber sido por el ejército. Pues vale, habríamos tardado mucho más tiempo y estábamos incomunicados, pero hacíamos las cosas bien. No como esos tontos del culo de las pistolitas.

P. ¿Conoció a alguno más? Otro Will Smith.

R. Había otro hombre en Isla, sí. Nos cruzamos unas cuántas veces, pero no nos saludábamos nunca. Llámelo supervivencia. Nos mirábamos a lo lejos, él con el arma levantada y yo con mi bate de beísbol. Permanecíamos así durante apenas diez segundos y después nos dábamos la vuelta. Una vez él le pegó un tiro a un zombie a mi espalda que, por como olía, debía haber salido del mar. Aún no había empezado a gemir y estaba realmente cerca, puede ser que aquel tipo me salvase la vida aquel día. Después de eso intentó acercarse, pero me marché corriendo. Se le veía realmente preocupado.

P. ¿No me diga? Parece una buena historia para un nuevo lib/

R. Oh, vaya, tuvo que joderla, ¿eh? La entrevista ha terminado. Muchas gracias por venir. Le acompaño a la salida.

Publicado la semana 6. 11/02/2018
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