Semana
01
Juan Palomo Calleja

¿En que se parece un pie a una neurona?

Género
No ficción
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Anterior Texto

 

- Pa mí que éste tiene TOC

- ¡Pero que dices¡ no le ves la cara flácida, los ojos caídos. Depresivo fijo

- Y también suicida

- Calla, calla. Tú te piensas que todos estamos aquí por lo mismo

- Por lo mismo no, por muchas cosas... y por muchos suicidios chapuceros

-  No, señores. Este es psicótico

- ¿Cómo lo sabes, lista?

- Pues porque tiene la boca torcida, le han metido de Haloperidol hasta las cejas

- O de ansiolíticos

- O de benzos

- ¡Es lo mismo¡

- No es lo mismo, sabiondo

- Está muy delgado

- ¡Mierda¡, con dos anoréxicas ya tenemos bastante, no te ofendas Barrabasa

- No, no me ofendo. Yo prefiero que venga otra anoréxica, bueno, anoréxico.

- ¿Por que?

- Porque el personal es el mismo, pero seremos más a vigilar.

- ¡Siempre pensando en despistar comida¡

- Claro, soy anoréxica.

- Nena, que tienes que comer

- Ya lo sé, abuela

- Pof pfamí qhe efte e bfipfolar

- Ponte la dentadura coño, que no se te entiende nada

- Efque me molepfta

- ¡Paranoico, es paranoico¡

- ¡¡Haalaa¡¡. Pero si no mira de lado

- Estáis todos equivocados.

- ¡Mucho rato callado llevaba  éste¡

- Tiene trastorno ansioso depresivo mayor distímico con fases subagudas, agudas, delirios suicidas, alcoholismo tipo bang drinking, es decir: reactivo compulsivo puntual y masivo; con episodios aislados de drogadicción estimulante del SNC y al menos dos suicidios frustrados. El trastorno ansioso es de más de treinta años de evolución incrementado exponencialmente tras una separación conflictiva y niños pequeños en disputa.

- Vale

- ¿No suben la cena?

 

¡TOC,TOC¡

¿Quien llama?, nadie contesta. ¡TOC, TOC , ¿quieen ees?. nada, voy a ver. ¡TOC, TOC¡. Otra vez esos golpes en el interior de la cabeza, esas voces, esos pensamientos…

Pues resultó que había alguien esperando en la puerta. Si  golpeaba la puerta o pulsaba el timbre de llamada no estoy seguro, porque esto me lo dijo un colega mío esquizofrénico-paranoide al avisarme del nuevo ingreso.

(Un “ingreso” es una persona, que se ingresa o la ingresan en el hospital).

Para ingresar en la planta psiquiátrica del hospital general – la última, claro -, es decir, en el Centro de salud mental adultos  larga duración unidad agudos, tú no llamas a la puerta. Lo hace uno de los dos fornidos paramédicos que te han trasladado en ambulancia y te han sentado por güebos en una silla de ruedas. El otro posa todavía su enorme mano de trol sobre tu hombro, no sea que te dé por levantarte, o montar algún cipote justo antes del cambio de turno.

Verificados visualmente desde el interior, abren las puertas y te empujan hacia lo que será tu hogar por tiempo indeterminado, pero que se te hará muuuuy largo.

Entras sentado en la silla, encogido y acojonado. Te sorprende que no haya gente semidesnuda pegando gritos, saltos y cabezazos contra las paredes. Está todo muy tranquilo y, de la manera que sólo los de dentro conocemos, los ojos de tus futuros compañeros de estancia te escanean y acogen con amabilidad a la vez.

Al tiempo que  al nuevo huésped le arreglan los papeles y firma todo lo que le meten por los morros - todavía sentado en la silla de ruedas -, los veteranos iniciamos nuestra particular porra: “Pa mí que éste tiene TOC” “¡Pero que dices¡”...

La no vida es una putada.

No es estar muerto ni vivo pero tiene lo peor de ambos estados.

Si uno está muerto tiene la gran ventaja de no estar. Es decir, no encontrarse en forma material ni vivencial alguna. Woody Allen, creo, lo explicaba con mucha gracia:

“   - ¿Cómo le gustaría que fuera su funeral?

     -  Me da igual, yo no voy a asistir “  (*)

La ventaja más grande, no estar ni sufrir ni padecer, tiene múltiples inconvenientes opuestos: no vives y, en consecuencia, no gozas, no sientes, no te equivocas, no creces, no creas, no heredas ni a tu vez legas, no amas, no dejas ni te dejan, no te mojas, ni percibes calor, frio, alegría, tristeza, miedo, rechazo, amor, odio …

Estar muerto te priva de un montón de oportunidades, bueno, de todas. Pero tampoco sufres.

Si estás vivo experimentas emociones, sentimientos, pensamientos, decisiones y actos. Y eso mola mucho… o a veces no, pero esa es la gracia de estar vivo y vivir tu propia vida.

El no vivo no está muerto, es decir, existe. Poco bueno más.

Porque el no vivo puede sufrir hasta extremos crueles, amargos, brutales y, sin embargo, no estar vivo. Y no está muerto porque sufre, sufre mucho.

Tampoco vive como el vivo normal, es un no vivo no lo olvides, “está” en un espacio físico, pero no se ama a sí mismo, se odia, se desprecia hasta la náusea. Se siente incapaz, inútil, torpe, lento, impotente. También se siente desesperado por no resolutivo, desbordado, paralizado, agobiado.

Sin esperanza, sin gracia des-graciado, penoso y penado.

Y llega un momento en el que el no vivo se harta de estar en este limbo cruel. Quiere dejar de sufrir. Sólo ve una salida que no lleva a ninguna entrada, lleva a la nada.

Y la muerte es la nada, el no estar, no asistir ni existir. No sufrir más.

Cuando anduve yo en estas cábalas andaba también por mi cuarto intento de suicidio. Los dos primeros por probar. El tercero ya más en serio pero no consumado por ignorancia de la química, gran ciencia y, para mi fortuna, desconocida para mí.

El cuarto intento ya iba encaminado con total seguridad a la nada, mi hija de por entonces ocho añitos me pilló a tiempo y se me agarró de la pierna cuando yo ya tenía medio cuerpo fuera.

 

(*) Dudo de la veracidad de la cita ya que sólo he podido comprobar esta del genio W. Allen: "No es que me asuste la muerte. Es tan sólo que no quiero estar allí cuando suceda." ("I don't care death, I just don't want to be there when it happens")

Publicado la semana 1. 06/01/2018
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