Semana
05
Camille Lescaut

Ocurrió al atardecer

Género
Relato
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En la medina de Chefchaouen, a esas horas, solo se oía el rumor del agua en alguna fuente lejana y el sonido entrecortado de mis sollozos.

En la ilusa creencia de que poniendo kilómetros en medio la fatalidad no me atraparía, me había empeñado en hacer ese viaje: una suerte de conjuro ante la muerte.

Sentada en el borde de un murete, que delimitaba una de las pequeñas casas que abundaban en esa zona del centro, rodeada de azul añil  y cientos de buganvillas, preciosas e inoportunas, y tapándome la boca como podía, para no alarmar a nadie, lloré con el desconsuelo de una niña.

Saqué fuerzas de la mínima voluntad que me restaba, para volver al riad donde mis amigos me esperaban, seguro que preguntándose dónde me había metido. De camino me encontré, más bien salió a mi paso, una pequeña mezquita cuya puerta entreabierta parecía estar ofreciéndome algo. Entré en ella como si hubiese sido abducida por la luz amarillenta y acogedora que emanaba desde su interior. Un orante, viejo y enjuto, arrodillado sobre la alfombra, rezaba en la zona de los hombres, con una devoción y un ensimismamiento que me provocaron una envidia irracional; él ni siquiera percibió mi presencia.

Yo, por pura imitación, me arrodillé como él, cerré los ojos y esperé. No sé bien el tiempo que transcurrió hasta que mi corazón fue acompasándose de nuevo, el nudo insoportable de mi garganta se deshizo, soltó amarras, y mi mente consiguió un viaje nebuloso, a no sé dónde, del que volví dulcemente.

Con una serenidad que me parecía casi ajena, salí y caminé por la medina sin poder reprimir una naciente sonrisa que emergía de mis entrañas. Volví a llorar, ahora feliz, pues el miedo y la pena, sin darme explicaciones, se habían sometido a la esperanza.

 

Publicado la semana 5. 03/02/2018
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