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51
Sol

SEÑALES CON MANUAL DE INSTRUCCIONES

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Volvían otro año las obligaciones navideñas y los rituales más comerciales, así que ayer fui al centro para cumplir con la consumista tradición del mes doce. Para mí, lo confieso, tiene un componente más. Entre el gentío, la estación y Hollywood, que hizo mucho daño después de Disney, no puedo evitar recordar siempre las películas clónicas y azucaradas de esta temática, fácilmente localizables bajo 'Navidad' y 'romance'

Puse a prueba mi ingenio y empecé a consultar mi lista de nominaciones a los protagonistas intentando añadir e improvisar algún original presente a lo ya típico. Mientras aguardaba mi turno para que me atendieran en la caja, calculaba si de verdad papá se pondría aquel grueso jersey y divagaba en mis próximas adquisiciones.

Una voz desde atrás me preguntó confirmando si era la última. Al volverme, un atractivo rostro en ojos esmeralda y mechones castaños me miraba expectante. No pude más que sonreír como una boba antes de soltar un largo ‘sííí’, él solo asintió y  miró hacia otro lado. Le excusé  pensando que era tímido -como yo- y no supe insistir inventando ningún atrevimiento más aunque mi cabeza ya estaba maquinando. Disimuladamente distinguí en su mano un jersey idéntico al que yo había escogido para mi padre. El mismo gusto no hizo más que regar con alcohol el fuego que empezaba a humear dentro de mis esperanzas.

En uno de los pasillos de la librería de nuevo volvimos a coincidir misteriosamente entre páginas resguardados por las estanterías de romántica -para mí garantía absoluta del ambiente- aunque hubiera preferido concurrir en un estante más erótico por perderme en aquella cara sin afeitar y esos ojos que pestañeaban en verde... así que me conformé interpretándolo como un semáforo invitándome a pasar.

El colofón final lo adopté como una marca inequívoca de que algo especial iba a suceder desde nuestro encuentro: ir a comprobar a la vez la textura de unas sábanas para encontrarse nuestras manos desde posiciones enfrentadas. Su tela era suave, cálida, fuerte, 100% masculina. La de la sábana, algodón.

Mi mente ya preveía cómicas situaciones entre los dos en futuras compras, en probables comidas, en subjuntivas presentaciones familiares, en paseos románticos. Mi engranaje no descansaba de funcionar e inventé una profesión, un nombre, un talento y una manera de ser.
Una cuarta vez entre los ordenadores portátiles no resistió mi impaciencia y salté casi sin pensar con la sonrisa de una niña ilusionada:

- ... Desde el jersey idéntico en la caja, los libros, ufff... las sábanas ya es mucha casualidad -mis ojos se volvían en blanco-  y ahora la misma marca de portátiles, bueno, en fin, no dejo de ver que... realmente todas las señales son más que casualidades. No sé, ¿tú qué crees...?

Su semblante indicaba más que sorpresa, incredulidad, no pude distinguir en qué tono.

- ¿Que, qué creo? que necesitas medicación o ayuda psicológica. Es más, si vuelvo a cruzarme contigo o veo que me vuelves a seguir por algún pasillo más, llamaré a seguridad. Espero haberme explicado bien y que lo has entendido -se volvió sin esperar respuesta.

Inmediatamente vi que el signo era negativo, el semáforo se ponía de pronto en rojo, como el rubor que me encendió en un momento deseando solo respirar aire fresco.
Las compras navideñas se saldaron con un jersey, tres libros, un folulard, un bolso... y la autoestima arrastrándose por mis pies sin posibilidad de rehacerse.
Y es que va a resultar que no todos leemos igual las señales. La próxima vez querido destino, ¡que acompañen traducción simultánea!
Publicado la semana 51. 22/12/2017
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